jueves, 27 de febrero de 2014

Capítulo 35. Cuatro días. Primera parte.

"Las tragedias nos hacen pensar sobre la vida, sobre lo que pudimos hacer pero que no hicimos, sobre lo que hicimos pero no deberíamos haber hecho..." Gema.

Habíamos pasado todo el día anterior abrazados en el sofá. Jon y yo nos habíamos contado todos los secretos (bueno, casi todos) y lo habíamos pasado muy bien. Pero había algo que nos quitaba el sueño. No habíamos podido dormir en toda la noche y habíamos hablado de qué hacer al día siguiente para solucionar lo que había pasado. Y era por eso, por lo que estábamos juntos en mi casa de  nuevo a la mañana siguiente. Otra vez en el sofá. Pero no abrazados. Ni mucho menos.

Salimos y me puse el otro conjunto que era parecido al que llevaba, el que más me gustaba.
Tenía palabras y números escritos en colores claritos como el amarillo, el rosa y el azul. Después, el pantalón era verde pistacho y tenía un cinturón y un lazo del mismo estampado que la camiseta.

Fuimos a la playa. Hacía tanto tiempo que no nos reuníamos todos juntos allí... Las cosas se habían torcido demasiado, y en tan solo cuatro días, dejaría Vizcaya para volver a Madrid. La idea no me ilusionaba ¿pero que iba ha hacer? No había manera de alargar las vacaciones, y aunque la hubiera, acabaría llegando el final.

Hacía días que no hablaba con mis amigos de Madrid porque las cosas ya se habían arreglado y aunque echaba de menos a Alex, hablar con él mientras Jon estaba cerca (aunque fuera simplemente al otro lado de Vizcaya), me era totalmente imposible. Así que nada de hablar con él.

El caso es que fuimos a la playa y allí estaban todos bebiendo zumos. Bueno, no todos. Estaban solo Estitxu, Irantzu y Unai. Nos pareció raro pero no queríamos ir, irrumpir y preguntar por ellos. Queríamos arreglarlo no empeorarlo.

Al vernos, Estitxu se levantó y me dio un abrazo haciéndome soltar la mano de Jon. Unai lo miró unos instantes y fue con él para darle la mano. Irantzu vino y nos juntó a todos en piña. Yo quería hablar seriamente pero no pude. Las sonrisas empezaron a aparecer en las caras de todos, incluida la mía. Y hasta lloré, pero esta vez de felicidad. Me había vuelto muy blanda allí. Pero ese era mi nuevo yo.
-Perdona, de verdad nosotros no fuimos. - dijo Estitxu.
-De verdad, nosotros solo... - dijo Irantzu.
-Solo pensamos que era una tontería. No sabíamos que era por ese tipo. - acabó Unai la frase de Irantzu y le dio la mano.
-Lo sabemos, lo sabemos. - dije.
-Sí, no os preocupéis. - dijo Jon.
-Pero... ¿qué ha pasado con los del grupo de volei? -pregunté.
-Pues... nos hemos peleado y ya no estamos en el equipo. Estaban todos de parte del chico. Increíble. - dijo Estitxu.
-No lo sabía. Lo siento. - dije abrazando a Estitxu.
-Tranquila, nosotros tampoco. No sabíamos lo que pretendían. - dijo ella.
-Pero, ¿cómo sabéis lo que me pasaba con ese chico? Nunca os lo dije. -preguntó Jon.
-Porque al ver que saliste del equipo, después de eso y  lo mal que estabas... nos informamos. Somos tus amigos y bueno, cuando lo supimos, preferimos no decirte nada porque parecía que lo habías superado. - dijo Unai.
-Me alegro, tío. Aunque aún no lo había olvidado, me habría ido fatal que me hubierais agobiado. En el buen sentido. - dijo Jon.
-Y... a todo esto. ¿Desde cuándo os dais la manita y os termináis las frases el uno al otro? - dije riéndome.
-Pues... desde que salimos juntos. -dijo Irantzu.
Primero silencio. Después risas y abrazos.
-Ha llegado el momento de decirlo jaja. - dijeron Unai y Irantzu a la vez.
-Bueno, ¿zumos? - dije.
Y así fue. Zumo y música. Y mar. Una gran mañana.

Pero entonces llegó la hora de comer. Estaba comiendo con mis padres en un restaurante (porque quedaba poco tiempo de vacaciones y querían que comiéramos juntos) que estaba justo al lado de la playa cuando me llegó un WhatsApp. Que no esperaba. Para nada.
-Gema, te echo de menos. No puedo esperar a que vengas y estar contigo un solo día. Háblame. Responde en cuanto leas esto.
Era de Alex.
Empezaba a agobiarme. Antes lo quería pero ahora... ¿iba a ser capaz de volver y seguir como siempre? Antes no conocía a nadie más que a los de mi quinta, a los de mi instituto pero... ahora el curso había terminado y había conocido a Jon. Mis sentimientos habían cambiado por completo. Otro WhatsApp interrumpió mis pensamientos.
-Gema, apaga el móvil aunque sea solo por hoy en la comida. - dijo mi madre.
-Perdona. Es... Anaís. Que no puede esperar para contarme lo que ha hecho en este mes sin mi. Jajaja. - dije falsamente.
Respondí al WhatsApp:
-Alex, ahora no puedo hablar. Luego hablamos.
-¿Por qué? Nunca puedes. - respondió.
-¡Jon te he dicho que no puedo! Estoy comiendo.
Enviar.
Gran cagada.
"Mierda", pensé al leer el nombre que había mandado. "No, no, no".
-¿Jon? Gema, ¿quién es Jon?!
Mierda.
-¡Gema! Anaís puede esperar, estamos comiendo en familia. - dijo mi padre.
-¡Perdón! Es que es importante. - dije y me levanté de la mesa.
-Gema, siéntate. - dijo mi madre.
-Y no te levantes hasta que acabes. - dijo mi padre.
-No tengo hambre. Me voy ya.- dije.
Y me fui.

Fui de nuevo hasta el final de la playa. A las rocas. Llamé a Alex tras respirar hondo, muy hondo. Tenía que mentirle. Si me sentía capaz, quizá era porque ya no le quería. Bueno, eso lo tenía claro. Me estaba -agobiando porque tenía que cortar con él. Bueno, llamé.
-¿Alex?
-¡Gema! ¿Quién c*ñ* es Jon?
-A-Alex, cámate. - mierda, mi voz sonaba entrecortada.
-¿Que me calme? ¡Pero si me has llamado Jon!
-Es que...
-No me jodas, Gema.
-No, no, no es eso.
-¿Entonces?
-Es... un amigo nuevo que he hecho. También he conocido a dos chicas y a otro chico.
-Ah, menos mal. No quería llegar ahí y no pintar nada.
-¿Llegar?
-Es una forma de hablar. Me refiero a que somos novios y eso.
-Ah vale, no lo había entendido.
-Bueno, te dejo comer.
-Vale, adiós.
-Te quie...- colgué.
Colgué y le dejé con el te quiero en la boca.
Me sentí mal.
Pero ya no había marcha atrás.

Miré al horizonte, ¿por qué me gustaba tanto ese lugar? Dios mío, me iba a costar mucho olvidar ese lugar.

Continuará...

lunes, 24 de febrero de 2014

Capítulo 34. Cinco días.

"No debería importarte que no te diga te quiero a todas horas, deberías saber de todas formas que te quiero. La duda ofende".  Gema.

Me desperté. No podía esperar ni un segundo más. No era extremadamente tarde pero no era pronto y era posible que alguien nos viera juntos o que sospechara. Cogí mis cosas y me fui. Llegué a mi casa y... mierda. mierda, mierda. Irantzu, Estitxu y el equipo de volei estaban justo en frente de la puerta del apartamento (al que ahora veo como una segunda casa, por cierto). Intenté no llamar mucho la atención e irme pero, la voz chillona de Estitxu estropeó mi plan.
-¡Geeemaaa!

Mierda, nunca chillaba tanto. A no ser...

-¡Hola! -dije girándome a ella con una gran y flamante sonrisa falsa.
-¿Qué tal?
-Pues, bien. ¿Tú? - los demás me miraron extraños - ¿Vosotros?
-¡Bien! - respondieron todos a coro.

Era una situación demasiado extraña. ¿Por qué me miraban tanto? ¡Era imposible que lo supieran! Miraban mi ropa, mi pelo... Y después de darme un repaso cuchicheaban. Irantzu y Estitxu me miraban con una gran sonrisa y los demás igual, aunque juraría que era más una <<risa>> que una <<sonrisa>>. Entonces, vi cómo uno de los chicos del equipo de volei enseñaba una foto por WhattsApp. El fuego se apoderó de mis pulmones. Me abrí paso y cogí el móvil del chico. Al ver la foto casi me da un vuelco al corazón. Me tapé la boca con una mano y de repente, dejé de ver por culpa de las lágrimas que fueron apareciendo. Los miré a todos, a penas los conocía pero no esperaba eso de ellos. Y menos de las que sí eran mis amigas. Le devolví el móvil y salí corriendo. Entonces, me vino a la cabeza la imagen que acababa de ver: todo estaba oscuro, el mar estaba casi en conflicto con el cielo estrellado debido a las pequeñas olas y... en el centro de la foto, la silueta negra de dos personas. Una encima de la otra, concretamente. Una llamada Gema, y otra, llamada Jon.

                                      *           *          *

Sentada en la roca más alta. Las alturas eran lo único que conseguían tranquilizarme. Supongo que porque como estuve a punto de morir, ahora les guardo respeto. En esos momentos, tenía ganas de luchar, de volver a las clases de boxeo. Lo había dejado hacía tiempo pero solo unos buenos golpes podían hacerme sentir viva y no muerta. Me calmé. Me tumbé y aunque algunas piedras se me clavaban en la nuca, me sentía libre. Miré al cielo muy concentrada. "Ojalá tuviera alas para poder irme de aquí", pensé. Entonces, sonó el móvil. Abrí el chat de Jon y leí:
-¿Dónde estás?

No, no necesitaba alas. Sólo necesitaba apoyarme en la persona correcta. Respondí.
-En las rocas. Ven, por favor. Te necesito...

Me pareció leer algo más pero justo estaba cerrando el chat y lo único que quería era esperar a que llegara. Guardé el móvil en el bolso y metí también las cuñas. Me levanté y empecé a caminar el borde, las piedras se clavaban en mis pies, pero me hacían sentir viva. Aún no me había parado a pensar en lo que había pasado, pero quería arriesgarme para... ¿calmarme? No suena muy calmante pero lo aseguro, sentirme tan concentrada en no caer me hacía sentir el riesgo y... ¿adrenalina? No sé. Entonces, vi a Jon que venía corriendo. "Mierda", pensé. Venía muy agitado. Creo que pensaba que iba a saltar otra vez. "No, no, mierda. No es lo que piensas", pensaba intentando bajar. Y entonces... resbalé.

Caí al agua muy cerca de las rocas pero por suerte no me di contra ninguna de ellas. Jon se tiró enseguida para "salvarme" y entonces vio que estaba bien.
-Jon, relájate, ¿quieres? Ha sido sin querer.
-Pero, ¿por qué? ¿Qué ha pasado?
-No, no. Te equivocas, ¿vale? No es lo que estás pensando.
-¡Has vuelto a saltar!
-¡Jon! ¡No pasa nada! Ha sido sin querer.
-¿Segura?
-Al cien por cien. Solo quería... evadirme un poco de la realidad...
-Bueno, al fin de al cabo a pasado algo...
-Sí.
-¿Qué es?
-Mmm. - dije mientras me acercaba a la orilla - No sé si debería decirlo... - continuaba alejándome de él.
-Pues... tendré que hacerte hablar. - dijo empezando a correr detrás de mi. Yo también corrí.

Salí del agua y corrí todo lo lejos que pude. Pero Jon corrió mucho más deprisa y me cogió por las piernas. Me levantó y me dio vueltas como si fuera un saco de patatas. Me bajó y me dio una vuelta de tal manera, que me quedé pegada a él. Nuestras frentes estaban a cinco centímetros y notábamos la respiración del otro. Se separó de mi y se sentó en la arena. Me senté a su lado. La sonrisa de mi boca pasó a mejor vida.
-¿Qué ha pasado? - preguntó con mirada firme.
-Jon... Antes quería hablarlo pero... son tus amigos y...
-¿Qué ha pasado? - repitió más tenso. Jamás había visto a Jon así. Al oír eso su rostro cambió por completo. Pensé que él sabía algo.
-¿Qué sabes? - pregunté directamente sin responderle.
-He preguntado primero. - dijo él con autoridad.
Me dio un poco de miedo pero me arriesgué y dije- Quiero saber todo lo que sepas... antes de hablar.
-No quiero dar información que pueda dañarte.
Abrí mucho los ojos y miles de preguntas aparecieron de la nada en mi cabeza.

Cuando pude responder, le dije:
-Nos han hecho una foto.
-¿Una foto? - dijo mirando a su alrededor.
-Sí.
-¿Cuándo? - dijo tenso. Muy tenso.
-Anoche... - dije con la voz entrecortada.
-Ven aquí. - me dijo mientras me abrazaba. Sentí su calor en el abrazo, pero el ambiente era frío. "¿En qué te has metido, Jon?", pensé. No podía dejarlo pasar, necesitaba saberlo. Me aparté de él y le dije directamente - ¿En qué estás metido, Jon?
No me miró.
Siguió a lo suyo.
Las lágrimas empezaron a surgir de nuevo. ¿Acaso no estaba a salvo de las mentiras? Y entonces me di cuenta: la primera mentirosa era yo.

Al fin se dignó a mirarme a los ojos. No parecía el mismo chico socorrista y entusiasta que conocí. Era... un Jon frío. Lo que no tenía claro, era si eso me gustaba o me asustaba. Quizá me asustaba y eso me gustaba. No sé. Trás unos segundos mirándome dijo:
-Todo ha cambiado.
No entendí en absoluto qué significaba eso. Entendí las palabras, obviamente, pero necesitaba una explicación.
-Ellos... - empezó a decir antes de que yo pidiera explicaciones - han conocido a alguien que no deberían haber conocido. Sabes que se fueron unos días algunos del equipo, lo sabías, ¿no?
Asentí.
-Bien, pues han conocido a un chico que no me soporta. Yo antes jugaba al volei pero lo dejé porque... lesioné a un chico. Ese chico es a quien han conocido.
No acababa de entenderlo.
-Yo era bueno, pero aquel día... - dijo mientras se resguardaba entre sus piernas.
-Si no quieres no sigas. - le dije acariciándole el cabello.
-Necesito hacerlo. - dijo incorporándose de nuevo.
-Adelante.
-Ese día le di en la cara. Cayó en el suelo. Sin más. La pelota le dio en la cara con toda mi fuerza por delante y... se lo llevaron al hospital. Lo grabe no era la sangre que no dejaba de salir de su nariz, sino el golpe que se dio en la cabeza contra el suelo. En la cabeza y en toda la columna vertebral.
-Dios mío... - dije sin querer. Se me escapó. Lo último que Jon necesitaba era que lo viera como un monstruo.                       Mierda.
-Se lo llevaron y se curó. Estuvo a unos centímetros, o quizá a un poco de fuerza de quedarse tonto o algo. No sé. Quizá debería haberme pasado a mi. La gente que jugaba contra nosotros nos miraba mal. Siempre. Al principio pensaba que era porque solíamos ganar pero... después de aquello, pensé que era porque tenían miedo de que "mi fuerza" les hiciera daño. No podía seguir jugando. Al chico le dieron un título, la verdad es que se lo merecía pero... cuando fui a disculparme, me dijo que me destrozaría. Pero pensé que no era posible: ya lo había dejado.

Lloró. Lloró durante unos minutos y después continuó.
-Yo lo apoyaba. Siempre lo animaba y tal. Me sentía demasiado mal y no tomé sus palabras en serio. Lo veía como una víctima pero él se las arregló para que la gente pensara lo mismo que él sobre mí. Me metí a socorrista por ayudar a la gente, principalmente. Más tarde, intenté habar con este chico pero él seguí con su entusiasmo de arruinarme la vida y lo mandé todo a la mierda. Estaba bien, podría haberle pasado algo malo pero la peor parte me la llevé yo. La psicológica. - dijo señalando a su cabeza.- Tantos días pasándolo mal, tantas noches en vela... Y no había manera de que dejara de mirarme como si fuera un asesino. Así, que me tatué la palabra "casi".
Abrí los ojos. ¿Enserio? No podía creerlo pero tampoco le iba a pedir que me lo enseñara. Siguió.
-Cada vez que viene me recuerda todo y vuelta a empezar.
Entonces, se echó el pelo hacía atrás y le vi la muñeca. Agarré su brazo y leí la pequeña palabra. "Casi".
-Me la tatué para recordarme siempre que no llegué ha hacerle daño. Que la víctima no es él.
-Joder. -dije. No tenía ni idea.
-Te entiendo, yo también fliparía. El caso es que vi en Twitter que el chico este había hecho unas semanas de volei para grupos y el equipo de aquí fue. Así que lo peor que podía pasar era que se conocieran. Y zasca.
-Te entiendo.
-No lo creo.
Le miré fijamente a los ojos y repetí mis palabras.
-Te entiendo.
Me cogió por el cuello y me besó. Después me besó en el cuello. Pero entonces me aparté.
-¿Qué tiene eso que ver con la foto?
-Que seguramente, el que la ha hecho ha sido uno del grupo por culpa del chaval y... bueno. No les guardes rencor.
-Mira, antes pensaba que era por mi. Porque no querían que alguien como yo estuviera... ya sabes, con alguien como tú. - me miró extrañado - Pensaba que era eso. Una tontería. Pero ahora me parece más grave. ¿Sabes? Te quiero.
-Me alegro, porque no lo dices mucho.
-Jon... ¿qué dices?
-Nada.
-Repite eso. . dije con ganas de sacarme el corazón por la garganta con mi propia mano.
-Perdona es que...
-Sí, lo estás pagando conmigo. Ya lo veo.
Me levanté.
No quería que él me viera llorar.
Tarde.
Caí sobre mis rodillas y me hice una bola en la arena. No podía dejar de llorar.
-Perdóname. Lo siento. De verdad.
-Vete.
-Pero... Gema, lo siento. Es que...
-¡Vete! - dije aún echa una bola. No quería que se fuera, no sabía qué quería.
-No pienso irme. Eres la única persona que me ha escuchado... La única que lo sabe.
Me quedé de piedra. ¿No lo sabía nadie? Me incorporé y Jon me quitó la arena de la cara.
Me besó.
Preferí no marear más la situación así que le seguí la corriente y seguimos besándonos.

Al rato fuimos a mi casa, necesitaba cambiarme de ropa. Al final decidí ponerme un conjunto que no solía llevar. Tenía uno parecido y me gustaba más que ese pero bueno, tan solo era para estar por casa.

-Jon, ¿tú que piensas? ¿Que debería no volver ha hablarles o...?
-No tienes que separarte de ellos por mi culpa.
-No es tu culpa. ¿Acaso eras el único que salía en la foto?
-Cierto.
-Pues eso.
Me llegó un WhatsApp. Era un link. La foto estaba publicada en twitter. No se distinguía quiénes eran pero la rabia empezó a arder en mi estómago. Después leí lo que ponía debajo del link. "Lo sentimos, nosotras no hemos sido". Eran Irantzu y Estitxu. Se lo enseñé a Jon. Sonrió y me besó en la cabeza. 
-¿Ves? No tienen nada que ver. Han sido los otros.
-Veo.
Respondí justo antes de besarle y tumbarme en el sofá.

Continuará...

sábado, 25 de enero de 2014

Capítulo 33. Seis días. Tercera parte.

"La luz de la luna se reflejaba en su cara, mientras, su mirada profunda invadía mis pupilas mientras me acariciaba el hombro." Gema.

No había manera de encontrar el conjunto perfecto. La chicas también estaban nerviosas. Era una cita muy importante porque no paraba de repetirme que en seis días todo acabaría. Y tenía razón. Era muy importante. Al final me decidí por un conjunto que me gustaba llevar cuando salía. Era una diadema roja, unas gafas de sol rojas también, una camiseta blanca con un dibujo negro con el hombro caído, unos shorts vaqueros, un cinturón rojo, unas cuñas negras y un bolso moca.

-Vale, creo que ya está perfecto.
-Te queda muy bien. - dijo Estitxu.
-Sí, la verdad es que mola mucho. - dijo Irantzu.
-Pues nada, voy ha llamar a Jon a ver si...

No había terminado de hablar cuando sonó el móvil. Era Jon.

-¿Sí?
-Gema, ¿dónde estás? Llevo esperando media hora.
-¿¡Media hora!? - dije mirando el reloj con una posesa.
-Sí.
-Lo siento, de verdad. Perdona. Es que... Estaba con las chicas. - Estitxu e Irantzu me miraron con una cara... Me empezaban a decir que colgara con señas porque querían hablar conmigo. Mientras yo me iba yendo y al final salí de la casa y colgué. Bajé las escaleras corriendo y a poco me caigo por las cuñas. Al llegar abajo saqué el móvil y puse en el grupo con Estitxu e Irantzu "Lo siento". Guardé el móvil y llamé a Alex, me dijo que fuera a la playa. Y allí fui.

-¡Hola! - dije mientras me quitaba las cuñas para entrar en la playa.
-Hola, Gema.
-Siento haberte echo esperar...
-No pasa nada.
-Es que he tenido problemas con el vestuario... Jajaja.
-Pues vas perfecta.
-Gracias.
-Aunque claro, tú siempre vas perfecta.
-Gracias. - dije mordiéndome el labio inferior esta vez.

Estábamos sentados en la playa, sobre una toalla mirando el mar. No sabía qué decirle, y creo que él tampoco sabía qué decirme. Contemplamos las olas durante un rato y entonces, los dos nos giramos a la vez y dijimos "¿Sabes?".
-No, tú primero. - dije riéndome.
-No, por favor. Las damas primero.
-Vale. ¿Sabes? Lo que más voy ha echar de menos cuando me vaya, será el mar.
-¿El mar? Yo tengo claro que te voy ha echar de menos a ti.
-Y yo. Pero... El mar. Lo voy a añorar mucho.
-¿Y eso?
-Pues es que, jamás había respirado la brisa marina durante tanto tiempo. Nunca había estado en una playa tan tranquila, menos a las siete, - Jon se rió. Sabía de qué hablaba. - nunca había pasado tanto tiempo de vacaciones en la playa. Y además, cada vez que veo el mar, me acuerdo de ti.
-¿Ah sí?
-Sí. Porque te conocí gracias a él. Lo hemos pasado genial en él. Y ahora, estamos otra vez delante de él.
-Tú te acordarás de mí cuando te vayas de vacaciones a la playa, yo te recordaré siempre.
-Jon... Sabes que me gustaría cambiar las cosas pero no puedo. Además, vamos a pasarlo bien que no quiero recordar este verano como "la trágica historia del amor imposible". Que a fin de cuentas está siendo posible aunque me sienta fatal, de vez en cuando.
-Gema, si le quieres, te sentirás bien cuando todo acabe. Pero por favor, ahora que estás conmigo, quiéreme a mí.

Sus palabras me hicieron sumirme en mis pensamientos. No podía dejar de pensar. Incluso me daba por recordar frases de las clases de filosofía. Pero mientras tanto, su mirada se colaba por cada rincón de mi alma a través de mis ojos. Él, se iba inclinando sobre mí, y yo, me iba alejando hasta que con la mano toqué el borde de la toalla y un poco de arena. No podía dejar de mirarle y solo pude pronunciar una palabra "Bésame". Entonces, me besó con energía. Puse las dos manos apoyadas en la arena y me quedé mirando hacia arriba. Aunque todo lo que veía era la cara de Jon, muy muy cerca. Cerré los ojos y me limité a disfrutar del beso. Entonces, vino a mi memoria aquel sueño que había tenido con Jon. Era exactamente igual, la misma energía, las mismas caricias... Dana lo habría llamado "premonición". Pero al acordarme de Dana, pensé en Anaís y en Alex... Entonces, separé a Alex de mí con una mano y separé mis labios de los suyos. Me miró preocupado y yo simplemente le dije "No tan rápido". Él se limitó a reincorporarse y yo hice lo mismo.

Guardé la diadema, las gafas y las cuñas en el bolso. Afortunadamente cabían. Cuando dejé el bolso vi que Jon me estaba mirando una sonrisa tan dulce... Que quería comérmelo a besos. Me recogí el pelo por detrás de la oreja y al apoyar de nuevo el brazo, el hombro de mi camiseta se bajó. Miré a Jon con cara de "¿Qué estamos haciendo?" y él me respondió con una cara de "Ni idea". Entonces, sopló una ráfaga de aire que nos llenó la ropa de arena. "¡Mierda!" grité yo. Nos levantamos y empezamos a sacudir la ropa. Entonces, paramos, nos miramos, nos reímos y seguimos sacudiendo nuestras camisetas.
-Yo casi que me la voy a quitar. - dijo Jon. - Puedes mirar, si quieres. - dijo riéndose. No pude evitar reirme con él. - ¿Por qué no te la quitas tú? - me dijo. Me quedé sorprendida, así que me hice la tonta y le dije - Es que no llevo el bikini. - Obviamente no llevaba el bikini, era una cita por la noche y la verdad era que no estaba en el plan bañarnos de noche. Pensé que no colaría, pero coló.
-Bueno, pues quédate así, hecha un Cristo.
-Jajaja. Tranquilo, sobreviviré.
-¿Segura? - dijo con ironía.
-Sí, creo que podré soportarlo. - dije también con ironía. Nos reímos y entonces él me besó. Me pilló despistada y esta vez no pude resistirme. ¿Acaso no había soñado con ese momento? Literalmente.

Puse mis brazos por detrás de su cuello mientras él me sujetaba de la cintura. Arrastré la mano izquierda hasta su pecho y la derecha hasta su hombro. Él en cambio,  subió las manos y lentamente, me quitó la camiseta. Entonces, lo solté y bajé las manos hasta mi pantalón. Desabroché el botón y la cremallera. Sentí como mi corazón palpitaba tan fuerte como cuando choca una bala de cañón, y estábamos tan juntos, que pude sentir el suyo. Apoyó su frente con la mía, bajó las manos y empujó mis shorts para que cayeran del todo al suelo. Me libré de ellos con un ligero movimiento de pies y él me cogió de la cintura muy fuerte. Lentamente, me fue dejando sobre la toalla y él encima mío. Entonces, me besó y cerré los ojos. Sentí como algo, probablemente sus manos, me quitaban la ropa interior. Dejó de besarme y abrí los ojos. En esos segundos, se había quitado su ropa interior. Me besó y volví a cerrar los ojos. Dejó de besarme y acercó sus labios a mi oreja. Susurró "¿Lista?". Y yo dije "Sí".

Noté como todo comenzaba. Sentí dolor y placer al mismo tiempo. No sabía como reaccionar, en parte ya pensaba que eso iba a pasar, pero en parte esperaba que no. ¿Pero qué era lo que realmente quería? No podía relajarme. Era imposible. Nuestros pies se rozaban sobre la arena y noté que me gustaba esa sensación. No dejaba de pensar. "Gema, ¿no puedes desconectar por una noche?", me preguntaba a mí misma. La situación empezaba a ser incómoda. Jon notó que estaba tensa. No quería fastidiarlo. Era nuestra noche. Así que rodeé su cuello con los brazos y lo acerqué hacia mí para besarlo. Entonces, por mi cabeza pasaron unas palabras que terminaron con la tensión "Gema, ¡da igual!". Me relajé y me dejé llevar. No pude disfrutar hasta que desconecté del todo. Y fue lo que siempre había querido. Lancé una última mirada a la luna y cerré los ojos.

Me desperté en la playa desnuda con Jon abrazándome. Todavía era de noche. Me vestí y me tumbé otra vez sobre la toalla con Jon. Cogí otra toalla y nos tapé a los dos. ¿Y si venía gente? Mejor que no vieran nada que no debían... Me giré hacia Jon y lo miré fijamente. Lo quería tanto... Busqué el reloj en el bolso. En tres minutos, sería un nuevo día y eso significaría que nos separaríamos en cinco días. Dejé las penas a parte. Lo miré y sonreí. Incluso llegué a reírme con una pequeña carcajada. Había pasado. Cerré los ojos y apenas había dejado de reírme ya me había dormido de nuevo.

Continuará...






domingo, 19 de enero de 2014

Capítulo 32. Seis días. Segunda parte.

"Una mirada, una caricia... Y el resto ya es historia." Gema.

-¿Qué debería ponerme? No me aclaro nada.
-Gema, te pongas lo que te pongas le va a gustar. - me dijo Irantzu intentando calmarme.
-Iran tiene razón, lo importante no es la ropa, eres tú. - añadió Estitxu.
-Chicas, ya lo sé, pero quiero ir perfecta...
-Ponte cualquier cosa. Todo lo que has sacado te quedaba perfecto. - dijo Irantzu.
-No sé...
-Que sí. Ya verás... Uhm, ¿qué tal esto?

Me dio la camisa rosa que había tirado al suelo hacía una media hora y los shorts vaqueros que estaban sobre la silla. Después, Irantzu me pasó el bolso marrón que había dejado en la mesa y las sandalias que había debajo del escritorio.
-Ala, ya tienes outfit. - me dijo Irantzu.
-Vaya, está realmente bien. - dije sorprendida.

Me puse el conjunto y me miré al espejo. La verdad es que ni recordaba el día que había comprado la camisa. Me gustaba mucho aunque se me notaba bastante el sujetador.
-Chicas, no puedo ir con esto. Se me ve todo.
-Ese es el truco. - dijo Estitxu riéndose.
-No quiero que piense que quiero... ya sabéis.
-¿Y eso? - preguntó Irantzu.
-Por si no lo recordáis, tengo novio. Puedo tener citas con él en plan... más que amigos pero eso otro, ya no.
-Pero... ¿entonces por qué sales con él? No entiendo esa política tuya. - dijo Estitxu. ve
-Pues a ver, no puedo negar que Jon es muy importante para mí y que quiero estar con él mientras esté aquí, pero quiero a mi novio y no voy a dejarlo por un amor de verano pero... ¿Cómo voy a volver como si nada con él después de haberme acostado con Jon?
-Joder, chica, lo tuyo es un drama gordo. - dijo Irantzu.
-Ya te digo... Pero bueno, - dije girándome al espejo - después de esta cita, y seis días, todo acabará.

Sonó el timbre. Irantzu se levantó del suelo corriendo y fue a abrir la puerta mientras gritaba por el pasillo.
-¡Ya está aquí! ¡Ya está aquí!
-¿Qué está pasando? - pregunté a Estitxu que seguía manoseando una blusa.
-Mi hermana es toda una fan de los helados... - respondió dejando la blusa en la cama.
Entonces, Irantzu entró en mi habitación con tres helados enormes con frambuesas por encima.
-¡Dios mío! Son los helados más grandes que he visto en toda mi vida. - dije cogiendo uno.
-Gracias, son cortesía de mi padre. Es muy amigo del dueño de la mejor heladería de... ¿toda España?
-Jajaja. - reímos todas.
Entonces, me manché la blusa.
-¡Mierda!
Miré el reloj, solo quedaban dos horas para la cita.
-¡Mierda, mierda, mierda!
-Joder, tía, tienes una suerte... - dijo Irantzu.
-¿Y ahora qué?- preguntó Estitxu.
-Pues, - me levanté y dejé el helado - tengo que cambiarme de ropa, y rápidamente.

Continuará...

viernes, 17 de enero de 2014

Capítulo 31. Seis días. Primera parte.

"Y por una vez, me pongo sentimental, y digo que aquella noche, sentimos la magia de una noche de verano". Gema.

Después de un largo día incomunicada, me levanté y encendí el móvil. Enseguida me llegaron como unos cuarenta WhatsApps y me puse a leerlos. Unos cuantos, eran de Anaís y Dana en nuestro grupo, que decían que estaban muy contentas porque quedaban solo seis días para vernos. En parte me alegré y en parte entristecí. Quería verlas, pero no quería dejar Vizcaya. No quería olvidar a mis nuevos amigos. Además, habíamos vivido tantas cosas... Seguí leyendo los Whatts y vi que tenía otra buena hilera de mensajes en el chat de "Alex♥". Antes de leerlos, me sentí fatal ¿Qué iba ha decirle? Hola, te quiero mucho. ¿Y después? ¿Qué iba ha hacer después? ¿Irme con Jon por ahí? Estaba claro que eso de no decirle nada me estaba matando. Quizá era porque no me había parado a pensar en que lo que estaba haciendo, era simplemente ponerle los cuernos. Abrí la bandeja del chat y leí todos los mensajes. La mayoría de los mensajes eran cosas como: "Te quiero mucho", "Te echo de menos", "Ojalá estuviéramos juntos", "Hace mucho que no hablamos", "Quiero verte", "No puedo esperar seis días. Y sí, llevo la cuenta.", "Te recuerdo que en cuanto vuelvas me iré yo. Deberíamos tener más días para nosotros...", "Ojalá supiera conducir para ir a verte.", y cosas de ese estilo. Está claro que eso de que quería venir me ponía los pelos de punta... Pero él lo había dicho: No sabía conducir. Seguí leyendo los WhatsApps y me llevé una sorpresa al ver que Ángel me había respondido. Me había dicho "Hola. Siento no haber hablado mucho contigo... Estaba ocupado...". Y no pude evitar responderle "Tranquilo. Yo también he tenido mis movidas". No quería que él se sintiera culpable siendo que yo tampoco  había caído en que no hablaba con él desde hacía unos días.

Apagué el móvil y lo tiré a la cama. Salí al balcón y me quedé mirando a la playa, que se veía a lo lejos como siempre. Realmente me quedaban seis días. Eso de llevar la cuenta atrás me deprimía muchísimo. Tanto, que entonces pensé en Alex y en que dentro de seis días iba a ser suya y solo suya. Pero en realidad no era eso lo que me deprimía tanto, sino el no volver a ver a Jon jamás. Miré al reloj. Eran ya casi las diez, así que me vestí con el típico outfit playero (una camiseta de tirantes azul clara y unos shorts vaqueros con una flor hawaiana en el bolsillo) y fui derechita a la caseta.

Al llegar, abrí la puerta y vi justamente a quien quería sentado en el sofá: a Jon. Me acerqué, lo besé y me senté su lado. Estaba deprimido, ¿pero por qué?
-Jon... ¿estás bien?
-Emm, sí bueno. No.
-¿Y eso?
-Venga ya. No hagas como que no lo sabes.
-Te lo digo en serio - dije muy seria - no tengo ni idea así que sé claro.
-Te vas en seis días...
-Buff. ¡Qué susto! Pensaba que me ibas ha dejar o algo así.
-¿Dejarte¿ ¿Por qué?
-Bueno... Ayer no te hablé.
-A ver, me imagino que estarás mal.
-¿Y como es que te lo imaginabas?
-Pues... porque por mucho que me quieras, tú tienes novio y le estás poniendo los cuernos y...
-Calla, calla. - le dije para que me dejara hablar - Ese asunto ya lo hemos hablado myself and I así que no te preocupes porque pienso estar genial contigo hasta que me vaya... Aunque me fastidie.
-Mira, - dijo girándose hacia mi - no te voy ha obligar.
-No pasa nada. De verdad.
-Gema, sé que lo estás pasando mal. Y... ¿recuerdas lo que pasó la última vez que te fuiste a reflexionar?
-Perfectamente.
-Pues eso.
-Tranquilízate, ¿vale? Ya he hecho las paces con las rocas y todo está bien.
-Pues me alegro pero... Yo también tengo algo que opinar.
-Pues dilo sin más.
-Me vas a llamar egoísta...
-Dilo.
-No quiero que dentro de seis días tengamos que olvidarnos.
-Jon, no te voy a olvidar nunca.
-¿Y qué vas ha hacer sino? ¿Salir con ese otro, que claramente te gusta, recordándome? ¿Casarte y pensar en mí?
-Para el carro. No digo que me vaya ha hacer monja ni nada de eso. Y cada uno rehará su vida pero, ¿no quieres que nos recordemos siempre?
-No lo entiendes. Yo no quiero recordarte siempre y que mientras yo te recuerdo, otro esté viviendo contigo.
-¿Sabes? No eres egoísta.
-No era eso lo que quería oír.
-Lo siento, pero ¿qué puedo hacer yo? ¿Qué querías?
-Tienes razón. Por eso... ¿quedamos esta noche?
Hubo un silencio horrible. Él me miraba fijamente a los ojos. Y yo intentaba esquivar su mirada mirando en otra dirección, pero me era imposible. Pensé que si pretendía hacer algo eso ya me mataría. Una cosa es ponerle unos cuernos pequeñitos a Alex y otra cosa era acostarme y todo con otro. No podía hacerle eso a Alex, pero tampoco podía decirle que no a Jon... Así que le dije:
-Sí.

-Perfecto. - dijo Jon. Acto seguido, se levantó, me dio un beso en la mejilla y se fue la mar de contento por la puerta. Y mientras, yo, me sentía mal no: lo siguiente.
Y me fui a casa, preparar algo que ponerme y ha hablar con las chicas.

Continuará...

miércoles, 8 de enero de 2014

Capítulo 30. Siete días.

"¿Por qué nos convencemos de que el amor es difícil? A ver, puede serlo pero somos nosotros mismos quienes lo hacemos difícil." Gema.

Después de aquel sueño, lo que menos me apetecía era ver, hablar, cualquier cosa que fuera interactuar con Jon. ¿Cómo iba a mirarle a la cara? ¿Y qué le iba a decir? ¿"Hola cariño menudo polvo imaginario"? ¡Ni de coña! Y lo peor era que estaba segura de que al día siguiente iba a llamarme. Sí, iba a llamarme, porque era su novia y me quedaban... ocho días con él... Pero era lo que menos me apetecía. Se me caía la cara de vergüenza solo con mirarme en el espejo. "Eres una mierda", me decía a mí misma, mirándome muy seriamente a los ojos. Decidí echarme a dormir. ¿Por qué no? Lo mejor era hacer que ese día acabara ya.

Me levanté con ganas de nada. No desayuné. No hice nada. Me quedé sentada en el sofá mirando la tele apagada. De tanto mirarla, pude fijarme en que se veía y me reflejo. Me estuve observando unos minutos y al final pensé "Me quedan siete días aquí. Vamos a aprovecharlos". Me levanté y salí a correr. Como siempre con mi música movidita para quemar calorías. Había incorporado un poco de skrillex y dubstep, no sé por qué me dio por esa música. Recorrí toda la playa al ritmo de... ¿las batidoras quemadas? Sí. Vi la caseta del socorrista, el chiringuito de los zumos... y al final las rocas... Aquellas rocas... No tenía buenos recuerdos de ahí pero, había corrido mucho y pensé que lo mejor era hacer las paces con las rocas.

Me subí a la más alta y me senté. Mirando al horizonte, aburrida pero asombrada a la vez por el infinito del horizonte. Cerré los ojos y me puse la capucha. Me encantaba ese olor a sal, la brisa marina... Era una de las muchas cosas que iba a añorar de Vizcaya. Jamás pensé que me gustaría tanto un sitio como mi propia casa, mi ciudad, mi parque... Pero claro, en lugar de mi casa tenía el apartamento que me encantaba, en lugar de mi ciudad tenía la playa y en lugar del parque, la plaza. Me encantaba aquel lugar. No quería irme nunca, quería que ese mes, ese verano, durara para siempre. Aunque parte, echaba de menos a mis amigos. Pero aún así, habría sido perfecto.

Cuando las rocas y yo habíamos forjado nuestra amistad, fui caminando al borde del agua por la arena. Con mis Vans en la mano y los calcetines en el bolsillo, sintiendo la arena entre los dedos. De repente, algo interrumpió mi trance. Mi móvil vibró, tenía un WhatsApp. Lo miré y era Jon. No me apetecía nada verlo, así que le dije que ese día quería estar sola. Gran error. Eso provocó que se interesara más todavía en verme. Se supone que debería gustarme o algo así, y de normal lo habría hecho, pero no ese día.

Volví al paseo y me puse las Vans. No había conseguido librarme de toda la arena así que fui al apartamento. Cada vez le estaba cogiendo más cariño. Era como mi segundo hogar, y me encantaba. Subí las escaleras rápidamente para llegar cuanto antes y quitarme los zapatos. Llegué y así lo hice, me quedé descalza y empecé a bailar como si nada. Me sentí loca y especial al mismo tiempo. Quería ese día para mí sola.

Continuará...
Para Paula, que hoy se ha leído toda la novela. Felicidades guapa, has leído treinta capítulos en un día.

sábado, 4 de enero de 2014

Capítulo 29. Ocho días.

"De una nube, de una nube tengo que saltar para dejar de pensar en él." Gema.

El día había transcurrido de lo más normal. Ya eran las siete de la tarde y no había echo nada interesante. Me había levantado y había desayunado. Después había estado un rato en WhatsApp hablando con Estitxu e Irantzu y después con Jon. Lo típico. Después había hablado con Anaís y el resto por teléfono y claro, me sentía mal con lo que estaba pasando, pero al ver el calendario, me di cuenta de que lo mejor era que no se enterara. Todo acabaría en ocho días. Taché el día con mi rotulador rojo. Después, estuve viendo el resto de chats de WhatsApp y me llevé una sorpresa: hacía muchísimo que no hablaba con aquel chico, Ángel. Así que le mandé un "hola". Y así todo el rato. Hablando con gente.

Mis padres, estaban muy ajetreados, se pasaban el día de aquí para allá y aún así no les daba tiempo a ver todo. Iban como locos haciendo tour aquí, tour allí, exposición aquí... Y mientras, yo, me aburría un día cualquiera. Todo parecía estar genial. No había ningún problema y parecía que iba a poder disfrutar de los últimos ocho días con mis amigos.

Eran las siete... ¿qué podía pasar? Nada, todo estaba en calma, para ser la hora que era. Salí al balcón. En esa plaza solía haber gente siempre, pero no aquel día. Era como si en vez de las siete fueran las doce. No había nadie, ni niños jugando, ni ancianas charlando... Nadie. Todo parecía un cementerio. Todo estaba tranquilo... Tanto que me entró el sueño, y me fui a dormir una siesta.

Me desperté con un jaleo tremendo. Parecía que toda la gente de Vizcaya se había amontonado en la pequeña plaza. Salí al balcón discretamente y vi a un montón de gente haciendo una fiesta. De repente, la música empezó a sonar y la gente invitaba al resto a bailar. Entonces, me peiné y bajé a bailar con todos. No tenía ni idea de que hoy hubiera fiesta. No había nadie conocido, cosa fácil ya que solo conocía a unas pocas personas. Me dejé llevar bailando una de mis canciones favoritas "Timber" y me choqué con alguien. Al darme la vuelta dispuesta a descargar mi rabia sobre esa persona, vi que era Jon.
-¿Jon?
-¿Gema?
-¡Sí! No sabía que vendrías a la fiesta.
-Ni yo, bueno, no sabía ni que había fiesta.
-Jajaja. Bueno, ¿bailamos
-Claro.

Estuvimos bailando hasta las diez. No era muy tarde pero estaba cansada así que saqué las llaves del bolsillo y me fui hacia la puerta. Al final el día había sido divertido. Pero estaba molida así que encajé la llave, la giré y entonces, Jon me abrazó por detrás. Supe que era él al instante. Acercó sus labios a mi oreja y susurró:
-¿No me vas a invitar a subir?

Automáticamente abrí la puerta, agarré su mano y tiré de él haciéndole ver que mi respuesta era un "sí". Subimos las escaleras de la mano y al llegar a la puerta, me agarró por la cintura. Apenas había reaccionado cuando él me estaba besando y yo, estaba contra la pared. No sabía cómo había empezado, pero me dio igual. Metí la llave a ciegas, ya que tenía los ojos cerrados y estaba al lado de la puerta besando a Jon, y nos metimos. Ni siquiera me di cuenta de si se había cerrado la puerta. Estábamos en el pasillo, me aparté de él y le miré a los ojos, ¿qué estábamos haciendo? Me escapé por debajo de sus brazos hasta el salón, y me pareció muy raro que no se escuchara la música de la fiesta. Me tiré en el sofá, esperando que nos besáramos o algo, pero en lugar es eso, él se puso encima mío y comenzó a besarme. Nos levantamos hasta estar sentados mientras nos besábamos. Me sentí lanzada, así que me senté encima de él y me quité la camiseta. Le miré a los ojos y le vi decidido, así que también se quitó la camiseta. Nos besamos y dejamos que todo siguiera su curso. Estábamos excitados, pero no parecía real. Era... diferente a otras veces, no sentía su calor. Tan solo me gustaba. Así que seguimos hasta que nos quedamos dormidos.

Al despertarme, estaba vestida. No entraba luz por la ventana. ¿Hasta qué hora había dormido? Lo raro era que estaba en mi cama y no en el sofá. Miré el otro lado de la cama y no estaba Jon. ¿Se había ido? Todo era... raro. Todo estaba en calma. Y no me sentía... bien. Me sentía como si no hubiera pasado nada. Me levanté y miré el reloj: eran las ocho de la tarde. Lo había soñado todo...

Continuará...