lunes, 7 de abril de 2014

Capítulo 40. Un día. Primera parte.

(Yujuu, capítulo cuarenta!)

"Porque tenía que pasar". Gema.

Me levanté como cualquier día. Lo sé. No era un día cualquiera. Simplemente no era consciente de que tan solo me quedaba un día allí: en mi segunda casa. Intenté recordar lo que había dicho cuando mis padres me habían dicho que íbamos a venir... "¿¡Qué?!". No quería irme. Pobre de mi. Si no hubiera visitado Vizcaya jamás habría conocido a Jon y a mis nuevos amigos. Jon. No podía pensar en lo que pasaría cuando se despidieran. ¿Qué le diría antes de macharse? Esperaba que algo bonito porque sus últimas palabras no las olvidaría jamás, y mejor que fueran preciosas.

Desayuné. Hacía mucho que no desayunaba en condiciones. Era extraño, sentía que tenía todo el tiempo del mundo. Cuando recapacité y me di cuenta de que tenía que aprovechar y olvidarme de... bueno, del tema de "Ángel" (Marco) porque era una tontería. Pensé en quedar con todos en la caseta, ¿por qué no?

Quedamos allí y me puse otro de mis vestidos favoritos. Por supuesto, lo conjunté con mis cuñas preferidas y unos pendientes redondos del mismo azul del vestido. No era un vestido muy... especial. Simplemente era sencillo, con flores y un pequeño cinturón. No me gustaba por ser precioso, sino por cómo que quedaba.

Al llegar, todos me miraban en plan "no te vayas", "no queremos que te vayas", ¿por qué tienes que irte?"... Parecía un funeral y no podía dejar que eso pasara así que solo dije:
-Esta noche, hacemos una fiesta de despedida.

Y fue entonces cuando Estitxu sacó de su bolso una bolsa de plástica llena de globos: ya la habían planeado.
-Dios mío...
¿Enserio? ¿Tantas cosas habíamos vivido? ¿Era suficiente?
>>Entonces me dí cuenta de que eran mis mejores amigos.
    (Además de mis amigos de Madrid)
Por poco lloro al ver los globos.
-¿Ya está preparada?
-Sí - respondieron todos.
A lo mejor no sobraba tanto como creía...

Nos fuimos a bañarnos. En realidad ese no era el plan, solo estábamos en la orilla. Pero cuando Jon me tiró al agua vestida y todo, los demás me siguieron. Casi había olvidado lo bien que me lo pasaba con ellos. Y no quería volver a olvidarlo. Nunca.

Pasaron las horas y me encontraba mal así que me fui con la toalla (me había quitado el vestido y tapado con una toalla porque había empezado ha hacer frío como para estar con la ropa mojada) y las cuñas en la mano hasta el apartamento.

Entonces, descubrí que tenía sombra.
                                           Pero mi sombra era un palmo más alta que yo.

-¡Gema!
Me giré y descubrí a Jon corriendo detrás de mi.
-¿Jon?
-Joder cómo corres. Y eso que vas descalza.
-Pues por eso mismo. No quiero que la gente me vea medio desnuda.
-Se te veía más carne con el bikini.
-Cierto. Aunque poco has visto tú mi bikini...
-¿Por?
-¿¡Porque siempre me tiras al agua vestida?!
-Ah sí. Cierto, jaja.
Sonrió con el cuello inclinado mientras se rascaba el cuello por detrás.
Me mató.
-Perdona.
-Tranquilo, que lo hagas tú me da igual.
-¿Sí?
-Sí - dije yo justo antes de que me callara con un largo beso.
Cuando el tiempo siguió su curso, lo aparté con la mano y me di la vuelta para entrar por la puerta. Él me abrazó por detrás y me besó el cuello.
-Tengo que abrir la puerta.
-Pues hazlo. Eres increíble. Seguro que puedes hacerlo conmigo dándote la lata, ¿no crees?
Sonreí y él hizo lo mismo.
Giré el pestillo (por fin) y empujé hacia adentro. Casi nos caemos y empezamos a reirnos.
-Bueno, hasta luego.
-¿Qué?
-Que adiós.
-¿Me dejas aquí con el calentón?
-No, no. Calentito te has puesto tú solito.
-Pues lo siento, pero quiero más - dijo agarrándome la mano con la que me sujetaba la toalla.
-Jon, por si no lo has visto, esto es un portal.
-Me da igual dónde si es contigo.
-Jon... para - dije cuando él empezó a moverme la mano para que soltara la toalla.
-Si quererte es un delito... Sí. Soy culpable.
Sonreí.
Joder, era imposible ponerse dura con él si a cada cosa respondía con una frase más bonita que la anterior.
-Va enserio. Suéltame.
-Pero, ¿por qué?
Ahora o nunca.
-¡Porque tengo que subir! Estás poniéndote pesado.
-Si estoy siendo pesado es porque llevamos "juntos" un mes y me da la sensación de que no es suficiente.
Mierda. Otra vez.
-Lo sé. A mí me pasa lo mismo - dije entrelazando los dedos de mi mano libre con los suyos.
-Joder, te quiero.
-Y yo.

Nos habíamos quedado mirándonos un rato y sin darnos cuenta, se había hecho de noche.
-Tengo que subir para prepararme para la fiesta.
-Sí. Yo también.
-¿No vas a oponerte?
-No quiero ponerme pesado - dijo guiñándome un ojo.
-Vale - dije entre risas.
Cuando empecé a alejarme, él me cogió del brazo y me dijo:
-Toma.
Era mi vestido y mi bolsa.
-Gracias - dije.
-¿No me acompañas a la puerta?
-Estás a cinco pasos. Y yo a siete. Estás muy cerca.
-Jajaja. Anda ven.
Me acerqué a él lentamente ya que solo nos separaban dos baldosas. Me cogió de la mano y me llevó hasta la puerta. Ya se veían algunas estrellas y cuando me distraje, tiró de mi mano. Mi toalla cayó en medio de la calle pero no había nadie para verme. Solo Jon. Antes de que pudiera reaccionar para cogerla, Jon me cogió y me besó. Le rodeé el cuello con mis brazos y entramos al portal de nuevo. Subimos arrastrándonos contra la pared de las escaleras sin separarnos ni un milímetro. Al llegar a la puerta, me di cuenta de que aún llevaba la llave en la otra mano pero que había dejado mis cosas abajo. "Da igual", pensé. Abrí la puerta y, literalmente, nos precipitamos sobre el sofá.
-¿Tercera vez ya? - preguntó él.
-Para mí siempre es como la primera.
Y lo que pasó después. Es imaginable.

Continuará...

lunes, 31 de marzo de 2014

Capítulo 39. Dos días. Segunda parte.

"¿Cómo no me di cuenta? Era tan evidente que supongo que por eso no lo vi. Conocía a Ángel desde pequeña..." Gema.

Ya tenía la maleta lista y aún quedaba día de sobra. Comí con mis padres y me puse otra ropa. Llevaba el pijama porque la otra ropa estaba chipiada y me acababa de duchar.


Me puse uno de mis vestidos favoritos de verano. Tenía rallitas y colores, era corto y palabra de honor. Me puse mis cuñas favoritas y salí de casa. Ni me maquillé ni nada. 

Pasé por la caseta y los vi a todos hablando y riendo. "Falto yo", pensé. Pero entonces sacudí la cabeza y seguí mi camino. "No, no falto. Sobro. En dos días las cosas serán como deben ser. Como siempre han sido. O al menos, como eran casi un mes antes." Al fondo vi mis rocas y no pensé una manera mejor de despedirme de ellas que pasando allí la tarde. Todavía me sentía llena por la comida y el sol brillante (y abrasante) del medio día no ayudaba a sentirse mejor. Entonces, pensé en leer las conversaciones con Ángel antes de borrarlas y también su número. Me senté en la roca más alta, respiré hondo y abrí la conversación. Al leerla, me di cuenta de que él siempre lo sabía todo. "¿Cómo lo hace?", pensé. "No solo puede estar en Madrid y Vizcaya en los momentos oportunos, sino que tiene fácil acceso a Alex y... a mí." La idea me daba en qué pensar y sobre todo, me hacía sentir escalofríos y admiración al mismo tiempo. ¿Quién podía ser? Ya daba igual. Al leer los últimos mensajes, se me rompió el corazón y al ver una lágrima sobre la pantalla de mi móvil, borré la conversación. Borré el número y miré al horizonte. Jamás lo había visto pero me había intentado ayudar y me había servido para hablar muchas veces. Supongo que me precipité.

Me pasé toda la tarde escuchando cómo las olas rompían enfrente de mí. Incluso a veces me salpicaban y podía saborear la sal. Entonces, cuando me decidí a bajar, miré los whatsapps y vi uno de un número desconocido. 
-Perdón.
-¿Quién eres? - respondí.
Entonces caí en quién podía ser.
-¿Has borrado mi número?
¿Cómo debía actuar? Desde luego no como la víctima aunque lo era.
-Básicamente.
-Oye... perdona, ¿vale? Es que... tienes que saber quién soy.
-Desembucha.
No quería responder eso. Pero no pude evitarlo. Habría preferido hacerle ver que no me importaba o haber rechazado por completo su "oferta" pero, quería saberlo.
-Seguro que si lo piensas lo aciertas así que, si hoy por la noche no lo has descubierto... Te lo diré.
¿Qué era eso? ¿Un reto? ¿Me estaba retando? ¿O... le daba vergüenza?
-Vale.
Sin más. Esta vez lo hice bien. 

Ni se despidió. Y fue raro porque me intrigó pero me hizo pasar un poco de él a la vez. Raro. Mucho. Muy raro.

Algo así como dos horas más tarde...

Me senté en el sofá del apartamento a pensar en quién podía ser. En realidad no estaba pensado. Llevaba como dos horas dándole vueltas a la información pero sin intentar descubrir nada. Mis amigos me llamaron para quedar. Hacía muy buena tarde-noche pero preferí quedarme a descubrir quién era Ángel. Bueno, quién era esa persona porque ya me dejó claro que Ángel no existía.

Tenía acceso a Alex y a mí, o al menos a mi número. Quería que rompiera con Alex. ¿Lo conocía? Bueno, no descartaba esa posibilidad. Podía estar en Vizcaya y Madrid a la vez así que, seguramente, era mayor que yo. 

¿Quién eres?

Entonces me di cuenta. Solo había una persona en mi vida que cumplía esos requisitos: Marco, el hermano mayor de Alex. 

¿Podía ser él? 

Era el hermano de Alex así que podía saber qué hacía y pudo ver mi teléfono en su móvil o en la guía telefónica misma, siempre nos habíamos llevado bien. Estuvo en Madrid todo el tiempo que hablamos y justo en Vizcaya cuando hablamos de cosas de Vizcaya... Tenía sentido. Solo había una cosa que no me cuadraba: Si éramos amigos, ¿por qué hacerme romper con Alex? Y más siendo su hermano.

Le mandé un whatsapp diciendo "Sé quién eres".
Y al poco rato respondió "No lo dudo".

-Eres Marco - dije tajante, esperando un "sí" por respuesta.
-Sí.

Y se fue.

Continuará...

Como llevaba mucho tiempo sin subir, he subido dos capítulos que viene a ser un solo día. Disfrutad<3




Capítulo 38. Dos días. Primera parte.

"Un día cualquiera... No. El penúltimo día." Gema.

-¿Gema?
No sé quién es. ¿Quién eres, voz? Intento ver con claridad pero no puedo. Intento decir "¿quién eres?" pero solo consigo dejar salir un gruñido por mi boca. No puedo ver bien ni hablar. Pero sí puedo escuchar.
-Está fatal.
-Ya lo veo. ¿Qué hacemos?
-Eres la mayor. Tú sabrás.
-De eso nada. Somos gemelas. Me da igual haber nacido dos segundos antes.
-Bueno, déjalo. ¿Qué hacemos con ella?
Por el contexto y por las voces, intuyo que son Irantzu y Estitxu.
-¿La llevamos a casa?
-¿¡Estás loca?! Sus padres la matan. Hay que llevarla a...
-¿A la caseta?
-¡Buena idea! Cógela por los pies.
-Vale.
Entonces, noto cómo me elevo. Intento focalizar la vista en el bulto que tengo delante y al final, consigo ver el rostro de Estitxu. Pero estoy muy cansada, así que me duermo.

Despierto rodeada de gente. Ahora veo bien. Me siento y los veo a todos. Mis amigos me han estado cubriendo para que mis padres no se preocuparan y ahora no paran de mirarme. Sé que lo han hecho porque sino no estaría aquí, sino en casa con mis padres mirándome. Nadie habla hasta que Jon da un paso adelante.
-Gema, ayer te pusiste fatal.
-Ya lo intuyo... - digo sarcástica llevándome la mano a la frente.
-Gema, esto es serio. No sabíamos qué hacer - dijo Estitxu.
-Ya os he dicho que estoy bien.
-¡Gema! ¿Quieres escuchar? La próxima vez te irás de cabeza al hospital. Y no por un coma etílico sino porque nosotros te llevaremos- dijo Unai.
-No habrá próxima vez. Me quedan dos días aquí.
Silencio.
-¿Por eso lo has hecho? - preguntó Irantzu.
-No, que va. Es... por otra persona.
Entonces, Jon me cogió del hombro y me sacó afuera.
-Tiene que darte el aire - dijo como excusa. Y por raro que parezca, supe que era una excusa porque sabía exactamente lo que iba ha decirme.

-Gema. Sabes que no voy ha olvidarte, ¿no?
Zas.
Lo sabía.
-Jon... esto no es por ti, de verdad...
-¿Entonces...? ¿Es por otro?
-Sí - su cara fue asombrosa -. No.
-¿Sí o no?
-La dos. A ver - estaba muy confundido. Y no me extraña. Hasta yo creía que era imposible expresarse peor.
-Explícate.
-Hace tiempo un chico me habló por WhatsApp y nos hicimos muy amigos. Él me contaba muchas cosas para que dejara a Alex y me mandaba fotos de lo que hacía en mi ausencia... Eso me hizo flojear y bueno, enamorarme de ti. El caso es que hace mucho que no hablabamos y, de repente, el otro día me dijo que lo olvidara.
-¿Qué?
-Como lo oyes. Me puse tan nerviosa que al ver a Irantzu y Estitxu decidí darme una buena fiesta. Pero te juro que yo no quería ponerme tan mal. Y por cierto, gracias. De no ser por vosotros... a saber qué me habrían dicho mis padres.
-No, de eso nada. A saber lo que te habría pasado. Además, fueron Estitxu e Irantzu las que te trajeron.
-Lo sé. Lo vi todo. Bueno, vi bultos y escuché todo. No podía hablar.
-Gruñiste, lo sé. Nos hemos enterado.
-Oye... quedan dos días. No lo volveré ha hacer.
-Aún así. Es que...
-¿Qué?
-Pues que si te has pillado semejante pedo por eso... ¿qué pasará cuando ya no estés aquí?
-...
-Me refiero, si soy tan importante como tú lo eres para mí...
-Te entiendo. Pues creo que la única solución será...
Noté que Jon estaba tenso y que se estaba tensando más. Así que decidí reír.
-Será... - empecé- ¡venir ha verte!
-Jajaja.
-¿Tan raro sería? No quiero dejar de verte nunca.
-Te quiero.
-Y y...
No pude acabar. Me cogió de la mano y me besó tirando hacia él. Al principio era algo así como un pico. Pero entonces, abrió la boca y tuve que soltarle la mano para rodearle el cuello con los brazos.

El tiempo se detuvo, pero solo para nosotros. Él me apretaba contra él y yo no dudaba en dejarle. Me metió la mano por el pelo, por detrás de la oreja y me acarició. Entonces me besó el cuello y me entraron ganas de arrancarle la camisa. Pero en vez de eso, me limité a acariciarle el cuello con las manos que me colgaban por detrás de su cabeza. Del cuello, bajó hasta mi clavícula y de ahí hasta mi hombro. En Madrid me habría importado pero en Vizcaya todo era distinto. Tanto que me daba igual quién pudiera vernos. Bueno, no del todo. Mis padres me importaban, la verdad. Me di cuenta de que mis pensamientos se estaban alejando de lo que estaba pasando así que, de alguna manera, me aparté un poco de él para que dejara de besarme y así poder buscar sus labios con los míos. Tras un largo beso, ambos sonreímos y él dijo:
-Sabe a vodka.
Y yo, que por poco me río y destrozo el momento le dije:
-Sabe a Jon.
Y él dijo:
-¿No me digas?
Antes de que pudiera reaccionar, me cogió como pudo y me llevó corriendo hasta la orilla. Yo pataleaba pero no seriamente y gritaba, aunque en realidad estaba riendo.
-¡No!
Grité antes de que se lanzara conmigo al agua diciendo:
-Tranquila, soy socorrista.

Mi ropa de lavó. Y estuvo bien porque el olor de mi ropa y bueno, de mí misma no era "adecuado" para el olfato de mis padres. Después de chapotear y besarnos como la primera vez (no primera pero una vez), salimos del agua y me fui al apartamento. Para mi sorpresa, mis padres estaban allí.
-Hola, Gema. Hoy has madrugado - dijo mi padre.
-Sí, bueno, es verano y... Bueno, ya queda poco.
-Te entiendo - dijo mi madre.
-Ve preparando la maleta. Mañana será el último día y no queremos estar aquí preparando las cosas, queremos salir y pasarlo bien - dijo mi padre.
-Totalmente de acuerdo - dije.

Ya quedaba poco...

Continuará...


viernes, 14 de marzo de 2014

Capítulo 37. Tres días.

"Desear que un rayo me cayera encima y terminara con esta locura, me definiría como una persona cobarde. Pero no lo soy, así que me enfrentaré a mis problemas y terminaré con esto yo misma." Gema.

La mano izquierda de Jon me acariciaba el pelo. Por eso desperté. Había dormido muy mal (tampoco esperaba dormir bien en una silla de plástico) y habría apostado a que llevaba ojeras. Miré a mi al rededor y entonces me di cuenta de por qué estaba allí. Lo sucedido retumbaba por mi cabeza, era peor que la resaca. Jon me dejó incorporarme de nuevo en la silla (me había apoyado en él) antes de darme un beso de buenos días.
-¿No ha salido todavía? - dije cambiando de tema (aunque él no había iniciado ninguno...).
-Sí. Un par de veces. No he dormido en toda la noche... no sé cómo has podido dormir jaja.
-¿Y qué pasa?
Respiró. Se tomó su tiempo hasta que dijo:
-Al principio... estaba bien.
-¿Y ahora? - pregunté con un nudo en la garganta (y otro en el estómago).
-Se lo llevaron a urgencias y luego... a otro hospital.
-¿¡Y por qué seguimos aquí!?
-¡Cálmate! Si todo ha ido bien, lo traerán en... - miró al reloj - ¿media hora? Pues sí que es tarde.
-¿Qué hora es?
-Son las diez.
-¿Enserio? Vaya.

Nos quedamos ahí sentados durante media hora para ver si llegaba alguna ambulancia pero nada. Tras una hora de espera y a punto de irnos, llegó Alex en una silla de ruedas.
-¿Alex? - dije. Dejé de llorar pero me costaba reconocerlo en una... silla de ruedas. Tenía algunos rasguños por los brazos pero su cara estaba intacta. Al parecer, más que heridas, tenía fracturas. Entonces me fijé en que llevaba una venda en el brazo. Me acerqué  y en vez de decirme cualquier cosa, me abrazó. Al separarme de él, vi que había hecho una mueca. Estaba dolorido. Me puse detrás de la silla para empujarlo y lo llevé junto a Jon. Alex no lo miró mal. Es más, me dijo que me fuera porque quería hablar con él.
Al volver, me agaché y la abracé. Esta vez yo.
Entonces, él me dijo al oído:
-Lo entiendo.
Me separé y, confusa, le dije:
-Pues yo no.
Me sonrió y me dijo:
-En tu lugar habría hecho lo mismo aunque... estamos de acuerdo en que deberías haber cortado conmigo antes... ¿no?
-Totalmente.
-Bien. Bueno, mi hermano va a venir a buscarme. Se supone que las enfermeras lo habrán avisado.
-¿Vuelves a Madrid?
-Sí. No se me ha perdido nada aquí... Nos veremos en tres días.
-Vale... ¿Te vas a quedar así?
-¿Así cómo?
-En la silla.
Me palpitó el corazón muy fuerte. Deseaba escuchar un "no".
-No.
Sonreí.
-Tan solo es temporal - dijo -. Pero, sí necesitaré muletas.
-Bueno, al menos andarás - dije contenta, aunque no del todo-.

Volví al apartamento sola hablando por el grupo de Anaís y Dana. Les conté lo que había pasado: primero me odiaron, y finalmente, me perdonaron. Más o menos todo estaba bien. Pero había una tensión en mi interior... Una tensión conmigo misma... Que no me dejaba respirar con facilidad. Había algo que aún no había arreglado. ¿Pero qué?
Una vez en el apartamento, en mi habitación, me puse a revisar los WhatsApps que me habían llegado durante la noche. Respondí a todos rápidamente y avisé a mi madre de lo ocurrido (sin contarle por qué lo había hecho) y que no se preocupara.
Seguí mirando los chats hasta que vi el de Ángel. ¿Cuánto hacía que no hablaba con él? ¿Quién era?¿Por qué no había vuelto a hablarme? Le mandé un "hola" y me metí el móvil en el bolsillo.

Volví poco después y me senté junto a Jon. Vi cómo el hermano de Alex entraba por la puerta para llevárselo. Le dio una colleja en la nuca y se fue a dar unos papeles a la enfermera. Revisó el móvil y volvió junto a Alex. Miré el reloj. Ya era hora de irse, así que me levanté de la silla con Jon de la mano, le di un beso a Alex en la mejilla y nos fuimos. Pobre Alex, su hermano pensaba que era rebelde e insensato. En parte era cierto, pero su hermano se pasaba con él. Entonces, Alex le dijo algo a su hermano, supongo que se quejaba de algo, y este revisó el móvil antes de irse.
-Jon.
-Dime.
-¿Crees que volveremos a ser amigos?
-Mira, no lo conozco, pero después de todo lo que os ha pasado... ¿no crees que deberíais olvidaros el uno del otro? Me refiero, sois como la materia y la antimateria: no podéis estar juntos sin que pase algo malo.
-Tienes razón pero para mí es más que un amigo.
-¿Lo ves? Mira, aunque me duele decirte esto... ¿no crees que... aún puedes sentir algo por él? Te lo digo solo porque te irás pronto... - se me formó un nudo en la garganta. ¿Podía seguir enamorada de Alex? No. Siempre pensaba en él como un estorbo. Como algo que me impedía disfrutar de... 'esto'. Pero... entonces, ¿qué quería decir con "es más que un amigo"? ¿Un amigo especial? ¿Un amigo... muy amigo? Mierda. Otra vez rallada, confundida. Mierda-.
-Jon, no lo quiero pero lo conozco desde... siempre. Es una persona especial.
-Pues os habéis hecho mucho daño. Sobre todo tú a él.-Silencio.
Lo miro.
Más silencio.
-Perdona. No debí decir eso... yo...
-Tienes razón. Déjalo. 
Y me fui.

¿Era posible? ¿Era posible que a tan solo tres días todo tuviera que empeorar? ¿Que no pudiera haber un final feliz? Bueno, todo lo feliz que estaba en manos del Señor... Caminando junto al mar. En poco tiempo todo cambiaría. Volvería a Madrid y el aire me sabría a contaminación y no a sal. Caminaría en línea recta, como en la playa, pero al final me esperaría un edificio alto, un centro comercial. Y no mis rocas. "Mis" rocas. No podría descalzarme para sentir la arena entre los dedos. Como mucho en el parque, y a saber qué se oculta bajo los matojos de hierba. ¿Insectos? ¿Mierdas? ¿Cristales de un botellón? Y además, no vería a Jon. Al despertarme, vería mi habitación y no el apartamento. Al asomarme a la ventana (en vez de al balcón), no vería una plaza gris (pero bonita) sino una calle (también gris) pero con gente acelerada. Con prisas por llegar a su destino. Aquí la gente está calmada, están en la playa. Allí la gente va con retraso allá donde va: están en el centro.

Me visto.

Me pongo una camiseta de tirantes y unos shorts rosas. Me pongo mis sandalias favoritas y cojo una bolsa de playa. En realidad es un bolso bastante grande. Me gusta llevarlo a la piscina. En este caso a la playa. Me pongo las gafas de sol y me peino. ¿Una coleta? Por qué no. Al verme con la coleta, descubro que nunca llevo pendientes porque no se me ven con el pelo largo, pero esta vez me pongo unos a juego con mi conjunto. Y para terminar, un poco de maquillaje y unas pulseras rosas, coral y melocotón. 

Entonces miro el móvil. Ángel me había respondido hacía un buen rato. "A esa hora acababa de hablarle. Yo estaba en el médico", pienso. Le había mandado un "hola" y él me ha mandado... ¿un "qué quieres"? "¿Hola?", pienso. Ni me saluda, ni me dice "cuánto tiempo", ni "me alegro de que hablemos" o un simple "hola" o un "qué tal". Pues no. Un "qué quieres". Como si quisiera algo. Me refiero, tan solo quiero hablar con él. 
-¿Perdón? - mando.
-Que qué quieres.
-¿Tengo que querer algo en particular? Si te digo "hola" será para hablar contigo, ¿no?
-Supongo.
-¿Supones?
-¿Por qué sigues dándole esperanzas a Alex?
-¿Esperanzas? ¿De qué estás hablando? Yo no le doy ninguna esperanza yo solo... Espera. ¿Escuchó lo que hablé con Jon? 
-Sí.
-Mierda. ¿Y tú cómo lo sabes? ¿Cómo haces para estar en Madrid y en Vizcaya a la vez?
-Pues...
-Ángel, ¿quién eres?
-Nadie. Nada. No existo. 
-¿Pero qué...?
-Borra mi número. No vuelvas ha hablarme. NUNCA. 
-Pero, ¿por qué?
-Adiós.
-Pero
-Adiós.
-¡Ángel!
-He dicho: Adiós.
-Adiós.

Tiro el móvil contra la pared. Entonces lo veo: abierto por los lados y con la pantalla rota. "Mierda", pienso. Lo recojo rápidamente y lo monto. Aún funciona. ¿Pero cómo voy a reparar la pantalla? Eso es imposible. Tras olvidar y asimilar que mi móvil está roto gracias a mí, vuelvo a lo que me ha impulsado a romperlo: Ángel. 

Leo la conversación y salgo de casa. Si es una broma, no tiene gracia. Al otro lado de la plaza veo a Estitxu e Irantzu. "Que le den", pienso. Y me voy de "fiesta" con ellas. "Si quiere que lo olvide, un poco de tequila no me irá nada mal. Pero que nada mal...".

Continuará...

viernes, 28 de febrero de 2014

Capítulo 36. Cuatro días. Segunda parte.

"Una vez más. Las tragedias nos enseñan que cometemos errores, pero que algunos sabíamos que los estábamos cometiendo y no hicimos nada en contra. Culpable." Gema.

Estaba en casa con Jon. Ya había recorrido la playa otra vez para volver a mi casa al apartamento (cada vez más lo llamo como "casa"). Estábamos viendo la tele y entonces, él me pasó el brazo por los hombros y me bajó los tirantes. Sentí que mi corazón se aceleraba. Mucho. Cada vez más. Más rápido. ¡Más! Sus manos me recorrían los brazos para quitarme los tirantes. "¡Gema! ¡Haz algo!", me supliqué a mí misma. Y le paré las manos.
-¿Qué pasa? - me dijo.
-Jon, tú ya sabías que yo... tenía novio.
-Claro.
-Y... ¿no te sientes mal?
-No. A ver, no porque te tengo a ti pero... supongo que el chico se habrá quedado mal cuando le hayas dicho que habías conocido a otro y tal.
-Ese es el problema. Que no he cortado con él.
-¿¡Qué?!
-Es que no puedo. Yo... ¡No puedo!
-No me puedo creer que no se lo hayas dicho. Al principio vale, pero ahora que hasta hemos...
-Lo sé. ¡Lo sé! Pero ¿cómo iba ha decírselo?
-No sé. Pero ahora le estás poniendo los cuernos.
-Odio admitirlo pero...
-Sí.
-Sí.
No podía creerlo. Hasta Jon me confirmaba que estaba mal.

Respiré.
-Vale, de hoy no pasa. Ya está.
-Pero, ¿tú le quieres?
-Hace una semana te habría dicho que sí.
-Pero... ¿ahora?
-No. Ya no.
-Entonces, llámale y cuéntale todo.
-No puedo.
-Si no lo haces me iré y no volveré a verte.
-¿¡Por qué?!
-Porque si yo fuera él, me gustaría saberlo.
-Joder, tienes toda la razón. Tengo que llamarlo.
-Así me gusta.
Me cogió por la cintura y me tiró al sofá. Me reí y no pude evitar quitarle la camiseta. Él me la quitó a mi y me puse encima suyo. Me agaché para besarlo y cuando levanté la vista... ahí estaba él.
-¡Sorpresa! - dijo. Y se quedó mudo.

                                           *            *           *

-¿Gema?
-¿Alex?
-¿Ese es?

Los dos miramos a Jon y después nos empezamos a vestir otra vez. Alex salió por la puerta y yo detrás.
-¡Alex! ¡Espera!
-Gema, ¿cómo has podido? - decía sin volverse.
Salió del edificio conmigo y Jon detrás. Ya casi era de noche, pero no se veía ninguna estrella.
-Alex, escúchame.
-Te dije que se lo tenías que decir. -dijo Jon.
-¡Cállate por Dios! - le dije.
Paró en seco.
-Lo siento. - le dije.
-No, no. Perdona. Culpa mía. - dijo.
Seguímos corriendo detrás de Alex.
-¡Alex para ya! Te entiendo. Mereces una explicación.
-¡No hay nada que explicar! Sé lo que significa cuando una persona está encima de la otra.
Por fin había parado y se había girado hacia mí.
-Alex. No pude. De veras lo intenté pero... me enamoré de él y...
-¿No podías decírmelo? ¿Acaso no podías?
-No, no podía. Porque te quería. Pensé que decírtelo iba ha ser horrible y... como volvería en poco tiempo, pensé que podría callármelo.
-Pues he hecho un viaje para nada.
-No, no. Escúchame. No puedo dejarlo todo así.
-Gema, vete.
-No, no, ¡no!
-¡Vete! ¡No quiero que me veas llorar!
Pero enseguida empezó a llorar.
-Alex, te juro que Jon quería que te lo contara él no sabía nada.
No me miró. Al revés. Miró detrás de mi para ver a Jon. Pasó de mi y le pegó un puñetazo.
-¡¿Estás loco?! ¿¡Qué coño haces?! - dije.
Jon le devolvió el golpe con creces. Él iba al gimnasio, era atlético y Alex...
-¡Para, para! - le pedí a Jon. Pero le siguió pegando. - ¡PARA!
Paró.
-Perdona, perdona. -dijo exhausto. Y se separó de él.
Me agaché junto a Alex.
-¿Estás bien?
-No. Roto por dentro y roto por fuera. - dijo mientras se tocaba el ojo y el párpado. Se le iba a poner rojo, y morado.
-Alex, - dije medio llorando - solo espero que puedas perdonarme. Yo te quería y te puedo asegurar que siempre serás genial para mi pero... cuando conocí a Jon...
-Sí, sí, lo entiendo. Ya conoces nuestro pasado.
-Parece que nunca íbamos a ser una buena pareja.
-Cierto. No deberíamos haber vuelto. Sólo dime una cosa.
-Tú dirás.
-¿Por qué? ¿Por qué has venido hasta aquí?
-Porque yo sí que te sigo queriendo. - me saltó una lágrima.
-Joder, Alex. Te juro que ha sido hace poco. No pienses que te he estado engañando todo este tiempo.
-Tranquila. Puedo perdonarte lo que sea.
-Joder. Prométeme que seguiremos siendo amigos.
-Puedo perdonarte pero... no será lo mismo.
-Lo siento.

Entonces empecé a llorar y se le cruzaron los cables.
-No puedo.
-¿Qué dices?
-¡No puedo olvidarlo!
-Pero...
-¡Gema! ¡Me has roto! ¡Has cogido mi corazón y lo has partido en mil trozos!
Me levanté.
-Hace un momento decías que...
-¡Calla! Intentaba se amable y perdonarte. ¡Pero no puedo!
-Alex, ¡Alex! ¡Perdóname! ¡No quería que esto acabara así yo...!
Me pegó. Me pegó una bofetada y caí al suelo de rodillas.
-Alex... - dije mientras me tocaba la mejilla. Estaba caliente. Y apuesto a que roja.
Jon le pegó. Lo tumbó en el suelo. Lo paré. ¿Acaso era el infierno? ¿Acaso había muerto y había ido al infierno? Porque Alex y Jon se estaban peleando y Alex jamás me había levantado la mano. Y mucho menos, había llegado a pegarme. Que yo recordara.

Jon paró. Lo dejó. Vino junto a mí y me tocó la mejilla. Me limpió las lágrimas con el dedo y susurró:
-Qué hijo de puta...
Estuvo a punto de volver a pegarle pero le agarré del brazo y le dije:
-No. Te equivocas. Me lo merecía.
-Bueno, en parte tienes razón. Pero no debería haberte pegado.
-Vamos a perdonarlo, ¿vale? Porque dudo que me vaya a perdonar a mi.
Jon me besó y entonces vimos cómo Alex se alejaba corriendo.
-¿A dónde va? - me preguntó Jon.
-No lo sé.
Lo vimos coger un coche.
-¿Sabe conducir?
-No. ¡Es el coche de su hermano! ¡Mierda!
Me levanté corriendo con Jon detrás. El coche arrancó y Alex se fue. Corrimos detrás de él. Pero solo unos metros. Caí de rodillas llorando.
-¿Por qué? ¿Por qué tuve que hacer nada?
-Gema, la culpa es mía.
-No, de eso nada. Por mucho que te quiera... debería habérselo dicho.
Me acarició la mejilla y justo cuando iba ha hablar, escuchamos que algo se chocó. Algo próximo a nosotros. Algo como un coche.
                   
                                            *                   *                 *

Corrimos hasta la columna de humo y sacamos a Alex del coche. Jon lo cogió y fuimos corriendo hasta Urgencias. Lo dejamos allí. Esa vez no me sentía una mierda, definitivamente, era una mierda.

Jon y yo nos quedamos sentados allí toda la noche. Toda.

Continuará...


jueves, 27 de febrero de 2014

Capítulo 35. Cuatro días. Primera parte.

"Las tragedias nos hacen pensar sobre la vida, sobre lo que pudimos hacer pero que no hicimos, sobre lo que hicimos pero no deberíamos haber hecho..." Gema.

Habíamos pasado todo el día anterior abrazados en el sofá. Jon y yo nos habíamos contado todos los secretos (bueno, casi todos) y lo habíamos pasado muy bien. Pero había algo que nos quitaba el sueño. No habíamos podido dormir en toda la noche y habíamos hablado de qué hacer al día siguiente para solucionar lo que había pasado. Y era por eso, por lo que estábamos juntos en mi casa de  nuevo a la mañana siguiente. Otra vez en el sofá. Pero no abrazados. Ni mucho menos.

Salimos y me puse el otro conjunto que era parecido al que llevaba, el que más me gustaba.
Tenía palabras y números escritos en colores claritos como el amarillo, el rosa y el azul. Después, el pantalón era verde pistacho y tenía un cinturón y un lazo del mismo estampado que la camiseta.

Fuimos a la playa. Hacía tanto tiempo que no nos reuníamos todos juntos allí... Las cosas se habían torcido demasiado, y en tan solo cuatro días, dejaría Vizcaya para volver a Madrid. La idea no me ilusionaba ¿pero que iba ha hacer? No había manera de alargar las vacaciones, y aunque la hubiera, acabaría llegando el final.

Hacía días que no hablaba con mis amigos de Madrid porque las cosas ya se habían arreglado y aunque echaba de menos a Alex, hablar con él mientras Jon estaba cerca (aunque fuera simplemente al otro lado de Vizcaya), me era totalmente imposible. Así que nada de hablar con él.

El caso es que fuimos a la playa y allí estaban todos bebiendo zumos. Bueno, no todos. Estaban solo Estitxu, Irantzu y Unai. Nos pareció raro pero no queríamos ir, irrumpir y preguntar por ellos. Queríamos arreglarlo no empeorarlo.

Al vernos, Estitxu se levantó y me dio un abrazo haciéndome soltar la mano de Jon. Unai lo miró unos instantes y fue con él para darle la mano. Irantzu vino y nos juntó a todos en piña. Yo quería hablar seriamente pero no pude. Las sonrisas empezaron a aparecer en las caras de todos, incluida la mía. Y hasta lloré, pero esta vez de felicidad. Me había vuelto muy blanda allí. Pero ese era mi nuevo yo.
-Perdona, de verdad nosotros no fuimos. - dijo Estitxu.
-De verdad, nosotros solo... - dijo Irantzu.
-Solo pensamos que era una tontería. No sabíamos que era por ese tipo. - acabó Unai la frase de Irantzu y le dio la mano.
-Lo sabemos, lo sabemos. - dije.
-Sí, no os preocupéis. - dijo Jon.
-Pero... ¿qué ha pasado con los del grupo de volei? -pregunté.
-Pues... nos hemos peleado y ya no estamos en el equipo. Estaban todos de parte del chico. Increíble. - dijo Estitxu.
-No lo sabía. Lo siento. - dije abrazando a Estitxu.
-Tranquila, nosotros tampoco. No sabíamos lo que pretendían. - dijo ella.
-Pero, ¿cómo sabéis lo que me pasaba con ese chico? Nunca os lo dije. -preguntó Jon.
-Porque al ver que saliste del equipo, después de eso y  lo mal que estabas... nos informamos. Somos tus amigos y bueno, cuando lo supimos, preferimos no decirte nada porque parecía que lo habías superado. - dijo Unai.
-Me alegro, tío. Aunque aún no lo había olvidado, me habría ido fatal que me hubierais agobiado. En el buen sentido. - dijo Jon.
-Y... a todo esto. ¿Desde cuándo os dais la manita y os termináis las frases el uno al otro? - dije riéndome.
-Pues... desde que salimos juntos. -dijo Irantzu.
Primero silencio. Después risas y abrazos.
-Ha llegado el momento de decirlo jaja. - dijeron Unai y Irantzu a la vez.
-Bueno, ¿zumos? - dije.
Y así fue. Zumo y música. Y mar. Una gran mañana.

Pero entonces llegó la hora de comer. Estaba comiendo con mis padres en un restaurante (porque quedaba poco tiempo de vacaciones y querían que comiéramos juntos) que estaba justo al lado de la playa cuando me llegó un WhatsApp. Que no esperaba. Para nada.
-Gema, te echo de menos. No puedo esperar a que vengas y estar contigo un solo día. Háblame. Responde en cuanto leas esto.
Era de Alex.
Empezaba a agobiarme. Antes lo quería pero ahora... ¿iba a ser capaz de volver y seguir como siempre? Antes no conocía a nadie más que a los de mi quinta, a los de mi instituto pero... ahora el curso había terminado y había conocido a Jon. Mis sentimientos habían cambiado por completo. Otro WhatsApp interrumpió mis pensamientos.
-Gema, apaga el móvil aunque sea solo por hoy en la comida. - dijo mi madre.
-Perdona. Es... Anaís. Que no puede esperar para contarme lo que ha hecho en este mes sin mi. Jajaja. - dije falsamente.
Respondí al WhatsApp:
-Alex, ahora no puedo hablar. Luego hablamos.
-¿Por qué? Nunca puedes. - respondió.
-¡Jon te he dicho que no puedo! Estoy comiendo.
Enviar.
Gran cagada.
"Mierda", pensé al leer el nombre que había mandado. "No, no, no".
-¿Jon? Gema, ¿quién es Jon?!
Mierda.
-¡Gema! Anaís puede esperar, estamos comiendo en familia. - dijo mi padre.
-¡Perdón! Es que es importante. - dije y me levanté de la mesa.
-Gema, siéntate. - dijo mi madre.
-Y no te levantes hasta que acabes. - dijo mi padre.
-No tengo hambre. Me voy ya.- dije.
Y me fui.

Fui de nuevo hasta el final de la playa. A las rocas. Llamé a Alex tras respirar hondo, muy hondo. Tenía que mentirle. Si me sentía capaz, quizá era porque ya no le quería. Bueno, eso lo tenía claro. Me estaba -agobiando porque tenía que cortar con él. Bueno, llamé.
-¿Alex?
-¡Gema! ¿Quién c*ñ* es Jon?
-A-Alex, cámate. - mierda, mi voz sonaba entrecortada.
-¿Que me calme? ¡Pero si me has llamado Jon!
-Es que...
-No me jodas, Gema.
-No, no, no es eso.
-¿Entonces?
-Es... un amigo nuevo que he hecho. También he conocido a dos chicas y a otro chico.
-Ah, menos mal. No quería llegar ahí y no pintar nada.
-¿Llegar?
-Es una forma de hablar. Me refiero a que somos novios y eso.
-Ah vale, no lo había entendido.
-Bueno, te dejo comer.
-Vale, adiós.
-Te quie...- colgué.
Colgué y le dejé con el te quiero en la boca.
Me sentí mal.
Pero ya no había marcha atrás.

Miré al horizonte, ¿por qué me gustaba tanto ese lugar? Dios mío, me iba a costar mucho olvidar ese lugar.

Continuará...

lunes, 24 de febrero de 2014

Capítulo 34. Cinco días.

"No debería importarte que no te diga te quiero a todas horas, deberías saber de todas formas que te quiero. La duda ofende".  Gema.

Me desperté. No podía esperar ni un segundo más. No era extremadamente tarde pero no era pronto y era posible que alguien nos viera juntos o que sospechara. Cogí mis cosas y me fui. Llegué a mi casa y... mierda. mierda, mierda. Irantzu, Estitxu y el equipo de volei estaban justo en frente de la puerta del apartamento (al que ahora veo como una segunda casa, por cierto). Intenté no llamar mucho la atención e irme pero, la voz chillona de Estitxu estropeó mi plan.
-¡Geeemaaa!

Mierda, nunca chillaba tanto. A no ser...

-¡Hola! -dije girándome a ella con una gran y flamante sonrisa falsa.
-¿Qué tal?
-Pues, bien. ¿Tú? - los demás me miraron extraños - ¿Vosotros?
-¡Bien! - respondieron todos a coro.

Era una situación demasiado extraña. ¿Por qué me miraban tanto? ¡Era imposible que lo supieran! Miraban mi ropa, mi pelo... Y después de darme un repaso cuchicheaban. Irantzu y Estitxu me miraban con una gran sonrisa y los demás igual, aunque juraría que era más una <<risa>> que una <<sonrisa>>. Entonces, vi cómo uno de los chicos del equipo de volei enseñaba una foto por WhattsApp. El fuego se apoderó de mis pulmones. Me abrí paso y cogí el móvil del chico. Al ver la foto casi me da un vuelco al corazón. Me tapé la boca con una mano y de repente, dejé de ver por culpa de las lágrimas que fueron apareciendo. Los miré a todos, a penas los conocía pero no esperaba eso de ellos. Y menos de las que sí eran mis amigas. Le devolví el móvil y salí corriendo. Entonces, me vino a la cabeza la imagen que acababa de ver: todo estaba oscuro, el mar estaba casi en conflicto con el cielo estrellado debido a las pequeñas olas y... en el centro de la foto, la silueta negra de dos personas. Una encima de la otra, concretamente. Una llamada Gema, y otra, llamada Jon.

                                      *           *          *

Sentada en la roca más alta. Las alturas eran lo único que conseguían tranquilizarme. Supongo que porque como estuve a punto de morir, ahora les guardo respeto. En esos momentos, tenía ganas de luchar, de volver a las clases de boxeo. Lo había dejado hacía tiempo pero solo unos buenos golpes podían hacerme sentir viva y no muerta. Me calmé. Me tumbé y aunque algunas piedras se me clavaban en la nuca, me sentía libre. Miré al cielo muy concentrada. "Ojalá tuviera alas para poder irme de aquí", pensé. Entonces, sonó el móvil. Abrí el chat de Jon y leí:
-¿Dónde estás?

No, no necesitaba alas. Sólo necesitaba apoyarme en la persona correcta. Respondí.
-En las rocas. Ven, por favor. Te necesito...

Me pareció leer algo más pero justo estaba cerrando el chat y lo único que quería era esperar a que llegara. Guardé el móvil en el bolso y metí también las cuñas. Me levanté y empecé a caminar el borde, las piedras se clavaban en mis pies, pero me hacían sentir viva. Aún no me había parado a pensar en lo que había pasado, pero quería arriesgarme para... ¿calmarme? No suena muy calmante pero lo aseguro, sentirme tan concentrada en no caer me hacía sentir el riesgo y... ¿adrenalina? No sé. Entonces, vi a Jon que venía corriendo. "Mierda", pensé. Venía muy agitado. Creo que pensaba que iba a saltar otra vez. "No, no, mierda. No es lo que piensas", pensaba intentando bajar. Y entonces... resbalé.

Caí al agua muy cerca de las rocas pero por suerte no me di contra ninguna de ellas. Jon se tiró enseguida para "salvarme" y entonces vio que estaba bien.
-Jon, relájate, ¿quieres? Ha sido sin querer.
-Pero, ¿por qué? ¿Qué ha pasado?
-No, no. Te equivocas, ¿vale? No es lo que estás pensando.
-¡Has vuelto a saltar!
-¡Jon! ¡No pasa nada! Ha sido sin querer.
-¿Segura?
-Al cien por cien. Solo quería... evadirme un poco de la realidad...
-Bueno, al fin de al cabo a pasado algo...
-Sí.
-¿Qué es?
-Mmm. - dije mientras me acercaba a la orilla - No sé si debería decirlo... - continuaba alejándome de él.
-Pues... tendré que hacerte hablar. - dijo empezando a correr detrás de mi. Yo también corrí.

Salí del agua y corrí todo lo lejos que pude. Pero Jon corrió mucho más deprisa y me cogió por las piernas. Me levantó y me dio vueltas como si fuera un saco de patatas. Me bajó y me dio una vuelta de tal manera, que me quedé pegada a él. Nuestras frentes estaban a cinco centímetros y notábamos la respiración del otro. Se separó de mi y se sentó en la arena. Me senté a su lado. La sonrisa de mi boca pasó a mejor vida.
-¿Qué ha pasado? - preguntó con mirada firme.
-Jon... Antes quería hablarlo pero... son tus amigos y...
-¿Qué ha pasado? - repitió más tenso. Jamás había visto a Jon así. Al oír eso su rostro cambió por completo. Pensé que él sabía algo.
-¿Qué sabes? - pregunté directamente sin responderle.
-He preguntado primero. - dijo él con autoridad.
Me dio un poco de miedo pero me arriesgué y dije- Quiero saber todo lo que sepas... antes de hablar.
-No quiero dar información que pueda dañarte.
Abrí mucho los ojos y miles de preguntas aparecieron de la nada en mi cabeza.

Cuando pude responder, le dije:
-Nos han hecho una foto.
-¿Una foto? - dijo mirando a su alrededor.
-Sí.
-¿Cuándo? - dijo tenso. Muy tenso.
-Anoche... - dije con la voz entrecortada.
-Ven aquí. - me dijo mientras me abrazaba. Sentí su calor en el abrazo, pero el ambiente era frío. "¿En qué te has metido, Jon?", pensé. No podía dejarlo pasar, necesitaba saberlo. Me aparté de él y le dije directamente - ¿En qué estás metido, Jon?
No me miró.
Siguió a lo suyo.
Las lágrimas empezaron a surgir de nuevo. ¿Acaso no estaba a salvo de las mentiras? Y entonces me di cuenta: la primera mentirosa era yo.

Al fin se dignó a mirarme a los ojos. No parecía el mismo chico socorrista y entusiasta que conocí. Era... un Jon frío. Lo que no tenía claro, era si eso me gustaba o me asustaba. Quizá me asustaba y eso me gustaba. No sé. Trás unos segundos mirándome dijo:
-Todo ha cambiado.
No entendí en absoluto qué significaba eso. Entendí las palabras, obviamente, pero necesitaba una explicación.
-Ellos... - empezó a decir antes de que yo pidiera explicaciones - han conocido a alguien que no deberían haber conocido. Sabes que se fueron unos días algunos del equipo, lo sabías, ¿no?
Asentí.
-Bien, pues han conocido a un chico que no me soporta. Yo antes jugaba al volei pero lo dejé porque... lesioné a un chico. Ese chico es a quien han conocido.
No acababa de entenderlo.
-Yo era bueno, pero aquel día... - dijo mientras se resguardaba entre sus piernas.
-Si no quieres no sigas. - le dije acariciándole el cabello.
-Necesito hacerlo. - dijo incorporándose de nuevo.
-Adelante.
-Ese día le di en la cara. Cayó en el suelo. Sin más. La pelota le dio en la cara con toda mi fuerza por delante y... se lo llevaron al hospital. Lo grabe no era la sangre que no dejaba de salir de su nariz, sino el golpe que se dio en la cabeza contra el suelo. En la cabeza y en toda la columna vertebral.
-Dios mío... - dije sin querer. Se me escapó. Lo último que Jon necesitaba era que lo viera como un monstruo.                       Mierda.
-Se lo llevaron y se curó. Estuvo a unos centímetros, o quizá a un poco de fuerza de quedarse tonto o algo. No sé. Quizá debería haberme pasado a mi. La gente que jugaba contra nosotros nos miraba mal. Siempre. Al principio pensaba que era porque solíamos ganar pero... después de aquello, pensé que era porque tenían miedo de que "mi fuerza" les hiciera daño. No podía seguir jugando. Al chico le dieron un título, la verdad es que se lo merecía pero... cuando fui a disculparme, me dijo que me destrozaría. Pero pensé que no era posible: ya lo había dejado.

Lloró. Lloró durante unos minutos y después continuó.
-Yo lo apoyaba. Siempre lo animaba y tal. Me sentía demasiado mal y no tomé sus palabras en serio. Lo veía como una víctima pero él se las arregló para que la gente pensara lo mismo que él sobre mí. Me metí a socorrista por ayudar a la gente, principalmente. Más tarde, intenté habar con este chico pero él seguí con su entusiasmo de arruinarme la vida y lo mandé todo a la mierda. Estaba bien, podría haberle pasado algo malo pero la peor parte me la llevé yo. La psicológica. - dijo señalando a su cabeza.- Tantos días pasándolo mal, tantas noches en vela... Y no había manera de que dejara de mirarme como si fuera un asesino. Así, que me tatué la palabra "casi".
Abrí los ojos. ¿Enserio? No podía creerlo pero tampoco le iba a pedir que me lo enseñara. Siguió.
-Cada vez que viene me recuerda todo y vuelta a empezar.
Entonces, se echó el pelo hacía atrás y le vi la muñeca. Agarré su brazo y leí la pequeña palabra. "Casi".
-Me la tatué para recordarme siempre que no llegué ha hacerle daño. Que la víctima no es él.
-Joder. -dije. No tenía ni idea.
-Te entiendo, yo también fliparía. El caso es que vi en Twitter que el chico este había hecho unas semanas de volei para grupos y el equipo de aquí fue. Así que lo peor que podía pasar era que se conocieran. Y zasca.
-Te entiendo.
-No lo creo.
Le miré fijamente a los ojos y repetí mis palabras.
-Te entiendo.
Me cogió por el cuello y me besó. Después me besó en el cuello. Pero entonces me aparté.
-¿Qué tiene eso que ver con la foto?
-Que seguramente, el que la ha hecho ha sido uno del grupo por culpa del chaval y... bueno. No les guardes rencor.
-Mira, antes pensaba que era por mi. Porque no querían que alguien como yo estuviera... ya sabes, con alguien como tú. - me miró extrañado - Pensaba que era eso. Una tontería. Pero ahora me parece más grave. ¿Sabes? Te quiero.
-Me alegro, porque no lo dices mucho.
-Jon... ¿qué dices?
-Nada.
-Repite eso. . dije con ganas de sacarme el corazón por la garganta con mi propia mano.
-Perdona es que...
-Sí, lo estás pagando conmigo. Ya lo veo.
Me levanté.
No quería que él me viera llorar.
Tarde.
Caí sobre mis rodillas y me hice una bola en la arena. No podía dejar de llorar.
-Perdóname. Lo siento. De verdad.
-Vete.
-Pero... Gema, lo siento. Es que...
-¡Vete! - dije aún echa una bola. No quería que se fuera, no sabía qué quería.
-No pienso irme. Eres la única persona que me ha escuchado... La única que lo sabe.
Me quedé de piedra. ¿No lo sabía nadie? Me incorporé y Jon me quitó la arena de la cara.
Me besó.
Preferí no marear más la situación así que le seguí la corriente y seguimos besándonos.

Al rato fuimos a mi casa, necesitaba cambiarme de ropa. Al final decidí ponerme un conjunto que no solía llevar. Tenía uno parecido y me gustaba más que ese pero bueno, tan solo era para estar por casa.

-Jon, ¿tú que piensas? ¿Que debería no volver ha hablarles o...?
-No tienes que separarte de ellos por mi culpa.
-No es tu culpa. ¿Acaso eras el único que salía en la foto?
-Cierto.
-Pues eso.
Me llegó un WhatsApp. Era un link. La foto estaba publicada en twitter. No se distinguía quiénes eran pero la rabia empezó a arder en mi estómago. Después leí lo que ponía debajo del link. "Lo sentimos, nosotras no hemos sido". Eran Irantzu y Estitxu. Se lo enseñé a Jon. Sonrió y me besó en la cabeza. 
-¿Ves? No tienen nada que ver. Han sido los otros.
-Veo.
Respondí justo antes de besarle y tumbarme en el sofá.

Continuará...