viernes, 20 de junio de 2014

Capítulo 8 (51). Dos no bailan si uno no quiere.

Lo recordaba perfectamente. Todo. Hasta el último detalle.
Hacía unas horas, Alex y yo habíamos estado hablando de algo que me había dejado de piedra. Su hermano mayor, Marco, había estado hablando conmigo anónimamente desde hacía muchísimo tiempo. Se había inventado una personalidad. Me había hecho odiar a Alex; me quería hacer romper con él. Y todo era porque estaba enamorado de mí. Nos conocíamos desde pequeños, pero nunca me imaginé saliendo con él. Con Alex, al contrario, sí, porque éramos de la misma edad. Pero él me sacaba dos años, que aunque no es mucho, bastó para que yo lo viera como un hermano mayor. Y resulta que llevaba enamorado de mí... Pues supongo que desde que me vio salir con Alex y se dio cuenta de que me quería. O yo qué sé.

Habíamos estado hablando de toda la movida que se llevaba con su hermano. Pero una vez más, no me contó su secreto. No quería saberlo. Tan solo quería que ese distanciamiento terminara. Al final, nos habíamos despedido y bueno, ahí estaba yo. En mi casa, mirando por la ventana las vistas de una cálida noche de verano.

¿Y qué se hace en las buenas noches de verano?
Efectivamente. Salir.


Elegí un conjunto normalito.
Una camiseta negra de tirantes con letras doradas que decían "Go on",
unas mallas color beige largas y unos zapatos de tacón negros.
Para complementar un poco me puse unas pulseras doradas
y cogí un bolso de mano (lo que viene a ser un clutch) dorado.

Como siempre, fui al NBM deseando que, por lo menos una noche, pudiera pasarlo bien sin líos ni nada. No quería encontrarme a aquel tipo. ¿Por qué engañarme? No sabía su nombre ni quería saberlo. En cambio, aquel otro chico, Raúl. Él sí era simpático y parecía que quería ser mi amigo, no mi rollo de una noche. Si tenía que ver a alguien, debía ser él.

Llegué y como siempre pasé desapercibida. Los tacones y que solo me quedaba un año para ser mayor de edad ayudaban bastante. Me puse a bailar y, por extraño que parezca, me vino a la mente el momento en el que el chico este, el que no quería ver, el que no conocía, me quitó el sombrero. No lo llevaba aquel día. Justo pusieron canciones que no me gustaban mucho pero que tampoco estaban mal así que decidí quedarme a bailar y a pasármelo bien. Era raro irme siempre por mi cuenta pero llamar a Anaís para salir por la noche no me parecía una buena idea, sinceramente. Querría volver pronto a casa y querría ir por sitios plagados de gente. Querría ir a una cafetería y dar una vuelta. No. A mi me gustaba ir a discotecas, a pubs... Y no sé pero prefería ir sola aunque me daba un poquito de vergüenza a ir con alguien y aburrirme toda la noche. 

Estaba tan absorta en mis pensamientos que no me di cuenta de que alguien se puso a bailar conmigo detrás de mí. De hecho, no lo noté hasta que me abrazó y después me tapó los ojos. "No", pensé. "No puede ser él, otra vez no", gritaba mi mente. Tragué saliva y levanté mis manos para tocar las suyas. Claramente eran manos de hombre. Mi corazón empezó a latir a mil por hora y, con un movimiento decidido, despegué sus manos de mi cara y me giré. 

Mi reacción tuvo que ser extraña porque me giré enfadada pero mi expresión cambió al instante. ¡No era él! ¡Era Raúl! Estaba tan contenta que hasta le dediqué una sonrisa y bueno, una conversación. ¡Ah! Y un baile.
-¡Hola! ¿Qué tal? - pregunté.
-¡Hola! Pues muy bien, ¿y tú? - dijo Raúl.
-Bien también, gracias - dije yo.
-Ya tenía ganas de volver a verte. Sobretodo hoy, que todos mis amigos me han dado plantón - dijo riéndose.
-Yo también tenía ganas de verte. Genial, así te tengo para mí sola - dije. Me arrepentí al instante.
-Bien, eh... - dijo él.
-Perdona ha sonado raro. Quería decir que yo también he venido sola - dije riéndome. Él también se rió y el momento incómodo se esfumó.
-¿Quién era aquel tío? - preguntó de repente.
-¿Qué tío? - pregunté extrañada.
-El del otro día. Te estabas yendo y un tío entró y te habló y bueno... Parecías muy molesta - dijo.
-No era nadie... Pero gracias por preocuparte - dije sorprendida de que se hubiera fijado.
-Siento no haber intervenido pero... - empezó a decir.
-Da igual. Mejor así - dije rápidamente. A saber qué hubiera pasado si Raúl se hubiera metido en medio. 
-Pues me alegro de que no te haya hecho nada - dijo.
-Y yo, jaja - dije. Y él también se rió.

Pasaron las horas y nos lo estábamos pasando genial... Pero Raúl recibió una llamada.
-Mierda. Oye, Gema, lo siento pero tengo que irme. Me acaba de llamar mi hermana, le ha pasado una cosa... Y bueno, que tengo que ir a verla, lo siento - dijo. 
-No pasa...  - empecé a decir. Pero él, con un gesto rápido, me dio un beso en la mejilla y salió pitando.
¿Acababa de...darme un beso? Me llevé la mano derecha a la mejilla, justo donde sus labios habían estado hacía segundos, y no pude evitar morderme el labio inferior. Como siempre. 
"Cálmate, Gema. Ha sido un beso de amigos. Además, ya tienes bastante culebrón amoroso, ¿no crees?", me dije a mí misma... Y entonces... Me acordé de Jon.
Ya nada me retenía en el NBM así que cogí mis cosas y caminé hasta la puerta. 

Pero la suerte, seguía sin estar de mi parte.

-¡Hombre! ¿Pero a quién tenemos aquí? - dijo mi amiguito.
- Vaya, voy ha tener que pedir una escolta porque parece que me estás siguiendo - dije seria. Muy seria.
-¿Yo? ¿Siguiéndote? Ni lo sueñes - dijo con un tono de arrogancia que hizo que me entraran arcadas.
-No, si no sueño contigo. Casualmente solo apareces en la vida real. ¿Será por qué no te necesito en mi mundo de ensueño? - dije en tono de burla.
-Vamos, nena, no seas tan cínica. ¿Por qué te portas así conmigo? - dijo pasándome el brazo por los hombros.
-Me porto así contigo porque es lo que te mereces - dije quitándome su brazo de encima y dejando por completo ese juego estúpido.
-Oye - dijo agarrándome del brazo -. Quería... Disculparme por lo que pasó la otra noche.
-Da igual- dije sin más. Aunque importaba, y mucho.
-No, enserio. Vale que seas menor y tal... Pero no debería haberte tratado así - dijo con una mirada triste.
-Mira, de verdad, ya está, lo dejaste claro. Lo nuestro, si es que existe, es imposible y por ello vas a pasar de mí - dije.
-No, no, no. Ni hablar. Mira, al entrar y verte no sabía cómo actuar... - dijo.
-Así que has recurrido a ser un tipo arrogante de mierda - dije interrumpiéndolo.
-Básicamente - dijo él con una sonrisa.
Pero esta, era una sonrisa sincera.
Yo también sonreí y estuvimos un rato mirándonos.
-¿Vamos afuera? - dijo él finalmente.
-No creo que sea buena idea. La última vez que hicimos eso acabé llorando como una niña tonta - dije. Aunque me arrepentí al instante.
-En ese caso... ¿Me concederías un baile? - dijo con una gran sonrisa.
-Bueno... Solo esta canción. Luego me voy - dije devolviéndole la sonrisa.

-Gema... No voy ha negar que... eres distinta - dijo. Y parecía estar hablando con mucha sinceridad.
-¿Distinta? -pregunté.
-Sí... No podía ser que fueras una chica guapa, lista, irresistible y de mi edad. No podía ser. Era imposible que una personalidad tan fuerte como la tuya pudiera acabar conmigo. Siempre me pasa. Algo tiene que estropearlo todo. Estoy harto de que... Joder. De que todas las chicas de las que me enamoro acaben dejándome. No es que sea un mujeriego... Ni un canalla. Es solo que creía que actuando así, atraería a más chicas. No me malinterpretes. Solo quería encontrar a alguien. Yo... - dijo reflejando tristeza con su mirada.
-Shhh... - dije mirñandolo fijamente -. Da igual. Pero que sepas, que es el peor método de ligar del mundo jaja - dije.
Él sonrió.
-Eres increíble - dijo mientras sonreía. Esa sonrisa...
Me mordí el labio.
Y le besé.
-Lo soy - dije sonriéndo.
-Pero... - dijo. ¿Por qué? ¿Tenía que haber un pero? Ya lo había perdonado.
-¿Pero qué?  - dije confundida separándome de él.
-Pero no puede ser... Yo tengo veinticinco... Tú diecisiete... Es una locura - dijo mirando al suelo.
-Pero... Acabas de decir que soy distinta - dije sin poder evitar que mi voz se entrecortara.
-Sí - dijo sin mirarme.
-Y que te has enamorado de mí - dije casi llorando.
-Yo no he dicho... -empezó a decir. Pero le interrumpí.
-¡Lo has dicho! - grité -. No directamente, pero lo has dicho.
-Sí - dijo, aunque esta vez me miró.
-¿Por qué has hecho eso? ¿Por qué? -pregunté ya llorando.
-Perdona, es que... Joder, no puede ser, de verdad. Yo quería disculparme por lo del otro día, no quería... - empezó a decir.
-¡Déjame! No sé qué coño hago bailando contigo - dije cogiendo mis cosas.
-Dos no bailan si uno no quiere - dijo.
-Ya. Pero es que los dos queríamos. Solo que tenías que estropearlo - dije. Y me fui. 

No estaba triste. Ni seguía llorando. 
Lo último que le había dicho era una verdad como una casa; Ambos queríamos estar con el otro. Pero entonces, se le habían cruzado los cables y lo había mandado todo a la mierda. Estaba enfadada. Frustrada, tal vez.
Pero no triste.

Fui hasta casa andando, como siempre, y creo que no dejé de pensar en lo mismo hasta que finalmente me dormí. No podía dejar de pensar en lo que me había dicho.

Y en que estaba enamorado de mí.

Continuará...

(Perdón por no haber subido nada pero me fui de vacaciones. Espero que os guste este capítulo y que me comentéis cualquier cosa. ¡Ah! Y gracias por seguir leyendo mientras no estaba).



miércoles, 11 de junio de 2014

Capítulo 7 (50). Shock.

No podía creer que me hubiera estado ilusionando con salir con un chico mayor que yo. A ver, ¿cómo se me había ocurrido? Había conocido a otro chico genial en la discoteca y... Y no podía dejar de engañarme a mi misma. No quería otro chico, no quería borrar de mi vida a Jon. Quería volver con él. Sólo quería que pasara una semana para poder volver con él. Si él aún me quería, claro.

Mi madre irrumpió en mi habitación y se sentó a mi lado. No tenía cara de buenas noticias así que me autosugestioné que me iba a dar una mala noticia.
-Gema.
-Dime - dije esperando que lo soltara de una vez.
-No vamos a ir a Vizcaya todavía - dijo mirando al suelo.
-¿¡Qué?! - no me lo podía creer - ¿Por qué?
-Porque nuestro apartamento se ha inundado... Hasta el segundo piso.
-¿Cómo puede haber pasado eso?- Me parecía imposible que la lluvia hubiera hecho eso.
-Pues el vecino del apartamento del tercer piso se dejó la bañera llenándose y se le olvidó. Salió a dar una vuelta y el agua se le salió por todo el apartamento y bajó escaleras abajo. También entró al apartamento del segundo piso y luego al nuestro. Cuando volvió dice que se encontró las escaleras llenas de agua y vio que estaban todos los pisos afectados así que llamó al seguro y después nos ha llamado a los propietarios afectados.
-Madre mía... - dije casi sin creerme esa historia. ¿Entonces cuándo íbamos a volver? Mi madre pareció leerme la mente.
-Volveremos en Agosto. Todo el mes, claro.
-Entonces nos queda todo un mes aquí.... - dije casi sin creérmelo.
-Exacto. Lo siento, Gema -. Y se fue.

Llamé a Anaís para que viniera inmediatamente a mi casa. No podía aguantármelo más. Tenía que contarle todo lo del chico este y lo de Jon y lo que sentía y tantas cosas que si no llegaba en dos segundos me iba a dar un ataque.

Anaís llegó al poco rato y entró en mi habitación como si se tratara de una emergencia. Puso el pestillo porque sabía que yo querría tener intimidad y se sentó a mi lado en mi cama.
-¿Qué pasa? - preguntó.
-Todo - dije con desgana.
-Cuéntame - dijo ella mostrándose comprensiva.
-Te mentí. Con lo del chico ese... El que era mayor que yo... Te mentí... - dije para empezar. Total, ¿por qué dar rodeos?
-Mmm, vale... ¿En qué me mentiste exactamente? - preguntó.
-En lo del beso - respondí.
-¡Pero Gema eso es maravilloso! - dijo ella sin entender por qué estaba mal -. Si no lo besaste no tienes de qué preocuparte.
-No me refiero a que no le besé. Me refiero a que primero le besé... Y luego me acosté con él... - dije. Genial. Silencio.
-¿Te... te acostaste con un extraño? - preguntó Anaís casi sin voz.
-Bueno, no es un extraño - dije.
-¿Lo conocías? - preguntó rápidamente.
-No - respondí.
-¿Sabes su nombre? - preguntó.
-¡No! - respondí.
-¡Entonces era un extraño! - gritó Anaís antes de pensar que mis padres podrían haberla escuchado.
Pero no lo hicieron.
-Ana... No sé qué me pasó. Ni si quiera había bebido y la primera impresión que me dio fue odiosa. Pero me besó y... Bueno, nos besamos, y salimos y todo era genial... Y... No sé... Y ya - dije.
-Madre mía, Gema. No sé cómo lo haces - dijo.
-No, si yo tampoco - dije pensando que esa no era yo.
-En fin... - suspiró Ana -. Podríamos ver alguna peli o...
-¿Te apetece salir? - dije interrumpiéndola y girándome bruscamente hacia ella.


Estábamos cerca del parque y hacía un calor insoportable. La camiseta blanca que llevaba se me empezaba a pegar a la piel y me daba la sensación de que se me veía todo. Al menos llevaba falda (una falda naranja), por lo que iba la mar de cómoda. También resultaba cómodo el moño que me había hecho; hacia tal calor, que habría sido horroroso llevar el pelo suelto. 

Llegamos al parque y fuimos hacia la fuente. Caminando lentamente y llenándonos de vida cuando una ráfaga de aire (caliente, bueno, templado) nos alcanzaba. ¿Cómo podía hacer tanto calor? Anaís sacó el móvil y miró la aplicación del tiempo. "38º", leí mirando el móvil de Anaís. Al llegar junto a la fuente metí la mano en el agua y, de repente, me sentí viva. Me quité las sandalias y me metí en la fuente. Empecé a salpicar agua a todas partes y Anaís se quejó. Pero luego, no pudo resistirse.
-¡Amo el agua!- gritó Anaís a los cuatro vientos (por supuesto eso era un decir, no había nada de aire, y si lo había, era caliente).
-¡Jajaja! Mira que eres payasa - dije mientras le echaba agua.
-¡Ah! ¿Desde cuándo esto es una guerra de agua? - preguntó tras dar un saltito.
-Desde... ¡Ahora! - dije echándole agua.

Acabamos empapadas.
Anaís acabó calada hasta las bragas y lo sé porque gracias a su vestido blanco, ahora se le veían. Y yo, acabé con una camiseta transparente pegada al cuerpo y con el pelo suelto y chipiado. Cogimos nuestras cosas y nos fuimos casi corriendo, por miedo a que nos viera alguien. No es que nos diera vergüenza lo que habíamos hecho; era simplemente que se nos veía todo. 

Dejamos el parque atrás dando rodeos cada vez que veíamos que alguien venía.
Yo lo tenía fácil; me bastaba con taparme con el bolso.
Pero Anaís no podía taparse entera así que dimos el gran rodeo por la calle de Alex.

-¡Cállate!
-¿¡Quieres bajar la voz?!
-¡¿Es que no te das cuenta?!
-¿¡De qué?!
-¡Lo sabe, lo sabe!
-¿¡Cómo va a saberlo?! ¡No desvaríes!
-¡Que sí! ¡Que te digo que lo sabe!
-¿¡Y qué pruebas tienes de que es por mi culpa?!
-¡Sólo lo sabes tú!
-¡No estés tan seguro! ¿Acaso no puede haberse enterado sola?
-¿Cómo? Tan solo le he hablado un par de veces y... Además... Es imposible...

Fueron bajando el tono hasta que sólo pudimos escuchar palabras sueltas.
Y sí,eran Alex y Marco, que estaba discutiendo.
Otra vez.

-¿Eran ellos? - preguntó Anaís.
-Me temo que sí - dije.
-¿Deberíamos...? - empezó a preguntar.
-No - la corté-. Es mejor así.

Al rato me di cuenta de que nos habíamos secado y no había tanta prisa por escabullirnos hasta la casa de Anaís unas calles más arriba y cambiarnos de ropa. Pero sabía que Anaís no estaría de acuerdo en volver y yo tampoco quería hacer eso exactamente así que la acompañé hasta su casa para luego retroceder sobre nuestros pasos. 

No sabía cómo hacer que Alex bajara pero lo único que se me ocurría era mandarle un WhatsApp diciéndole que bajara. Me disponía ha hacerlo, aunque sabía que, seguramente, había una manera mejor, cuando el propio Alex salió echo una furia de su casa. Lo seguí y vi cómo pegaba patadas y puñetazos a todo lo que encontraba. Cuando se calmó, decidí salir de las sombras.

-Hola... - susurré rompiendo el silencio.
-¿Qué haces tú aquí? - dijo girándose sorprendido.
-Bueno yo... Pasaba por aquí... - dije.
-¿Qué has oído? - dijo con una mirada fría.
Nunca lo había visto actuar de esa manera. Incluso me dio algo de miedo. Me bloqueó por unos instantes.
-Gema, ¿¡qué narices has oído?! - dijo acercándose a mi como un loco.
Tuve que retroceder de lo perturbado que parecía en esos momentos. Las lágrimas empezaban a asomar por mis ojos y yo empecé a negar con la cabeza mientras me alejaba de él. 
-Espera, ¡Gema! - dijo Alex al darse cuenta de lo que había hecho.
-¡Déjame! - grité corriendo al notar que me seguía.
Estaba a punto de llorar y no quería verlo. No quería ver a nadie. ¿Cómo podía haberme hablado así mi mejor amigo?

En seguida me alcanzó y me cogió del brazo. 
Me calmé y me pidió disculpas numerosas veces, pero su cara seguía atormentándome.
-¿Por qué estás así? - le pregunté cuando casi estaba calmada.
-Es... Por lo que no os puedo contar - dijo mirando al suelo.
-¿Por qué? ¿Por qué no puedes contármelo? Soy tu mejor amiga. O al menos tú eres mi mejor amigo.
-Se supone que ya lo sabes - dijo haciéndome recordar la "conversación". Mi hermano cree que te he contado una cosa.
-Pero no me la has contado.
-Exacto.
El silecio se hizo y nos dimos cuenta de que nuestras últimas palabras habían trascurrido casi en medio minuto. No, no, no. Debíamos pararnos ha hablar, tranquilamente. Así no nos íbamos a entender. 

Nos sentamos en un banco y no dijimos nada hasta que me harté.
-Mira. Siento si te meto en un aprieto. Pero, o me lo cuentas, o no volveré ha hablarte - dije con frialdad. Sabía que no era justo para él pero ya estaba harta de todo y quería saberlo. Total no se lo iba ha decir a nadie.
-¿¡Qué?! - bramó.
-Que me lo cuentes - dije manteniéndome firme a pesar de que estaba temblando.
-¿Por qué me haces esto? - preguntó confuso.
-Porque esto no hace bien ha nadie. Si me lo cuentas me calmaré, te calmará, no se lo diré a nadie y te ayudaré ha hacer que Ana y Alberto no te pregunten - dije sonando convincente. Y eso que era la pura verdad.
-Está bien - dijo tras un suspiro.
-Bien - dije.
-¿Qué quieres saber? - preguntó como si no tuviera opción y se hubiera rendido.
-Pues, me gustaría saber por qué tu hermano y tú discutís de esa manera. Y quiero la versión larga - dije.

Me lo contó casi todo. Casi.
Me contó que su hermano tenía un secreto y era que estaba enamorado de una chica de la que no tendría que estar enamorado. Al parecer le gustaba desde hacía mucho tiempo y por eso trataba mal a Alex. Y claro, ¿qué podía tener Alex que ver con esa chica? Bueno, pues tenía que ver, y bastante. Porque Alex estaba saliendo con ella. Por eso, siempre intentó que rompieran. Y por eso, lo llevó a verla de vacaciones. Porque quería que rompieran. Y bueno, resultó que esa chica... Era yo.

-Sólo hay una cosa que no entiendo - dije.
-Dime - dijo él como si me acabara de revelar algo que cambiaría el mundo.
-¿Por qué me hablabas con un número anónimo? Mira, está claro que eres tú. Siento revelártelo de esta manera pero sabía que eras tú. Me contabas cosas de las discusiones con tu hermano y... Se notaba... Acaso tu secreto es... Bueno... Pensé que... Podrías seguir enamorado de mí...
-¿Qué? Gema, ¿Es que no lo entiendes? No te he hablado anónimamente ni sigo enamorado de ti. Fue él, Gema. Fue mi hermano.

Y entonces, todo cobró sentido.


Shock.



Continuará...

(Perdón por haber tardado tanto en subir)



martes, 10 de junio de 2014

Capítulo 6 (49). Corrí porque ya no veía nada. Quería apretar la almohada y llorar contra ella.

No sabía qué hacer.
Estaba tumbada en la cama leyendo detenidamente la conversación con "Alex".
No me había cambiado de ropa en lo que llevaba en casa y ni siquiera el disco de Cher Lloyd me hacía sonreír. ¿Cómo iba a ayudar a Alex haciéndole creer que no sabía que era él?
A ver, en parte estaba bien porque si no había recurrido a mí desde un principio, me permitía involucrarme de manera que él estuviera a gusto. El problema era que, si se suponía que no lo conocía, corría el riesgo de meter la pata y contarle algo que solo "Gema y Alex" sabían.

Cené una ensalada con carpaccio (♥) y apagué el móvil.
"Gema, te estás rallando", pensé. "Te estás rallando demasiado".
Me miré al espejo y, sin pensármelo dos veces, fui a cambiarme de ropa.


Elegí una camiseta negra con un dibujo de la cabeza de un tigre,
unos shorts negros y por si acaso una chaqueta blanca.
Me puse unos zapatos negros con cuña y cogí un pequeño bolso 
que tenía a mano. Me puse un sombrero negro (¿por qué no?)
y salí a la calle dispuesta a tomarme algo en el NBM.

No pretendía hacer nada fuera de lugar, pero me tomé unas cuantas copas de yo qué sé antes de dignarme a bailar. Lo bueno era que como no llevaba tacones de aguja ni mucho menos, pude bailar sin caerme ni hacer el retrasado como tantas veces antes...
La verdad es que me avergonzaba de haber sido tan cría. Y sobretodo de que no hacía más que un año o dos de aquello. Tal vez estaba madurando. No sé. 

Un tío se me pegó cuando estaba bailando y, por una vez, dejé el cinismo a un lado y decidí bailar con él. Me lo estaba pasando tan bien, que hasta le sonreí. Y él me sonrió. No me había fijado en lo guapo que era hasta que había sonreído. Me mordí el labio y se rió. (¿¡Por qué tenía que hacer eso siempre?! ¿¡Acaso no podía limitarme a pensar?!). 

-Perdona - dije mirando hacia otro lado.
-No pasa nada - dijo riéndose.
-Dios, qué vergüenza - dije sin mirarlo.
-Ey, mírame - dijo. Y le hice caso - Lo que suponía.
-¿Qué pasa?
-Pues que eres muy guapa.
No pude evitar sonreír.
-Gracias - dije.
-Venga, que se supone que estamos de fiesta - dijo animándome a seguir bailando.
Dios, era un amor. Y guapisísísísimo. El NBM debía de ser mi disco de la suerte o algo así. Aunque esta vez era diferente. No era un guaperas arrogante que (por lo que yo creo) solo quería acostarse conmigo. Para evitar problemas, decidí solo bailar con él. 

No eran ni las 12 y, a pesar de que el nombre de la discoteca (Never Before Midnight) expresaba claramente cuando no debías irte, decidí que ya que ya no estaba bailando con aquel chico, debía irme. Localicé a este chico y le hice una seña de despedida. Vino hasta mí y me dio dos besos.
-Oye, encantado de conocerte.
-Igualmente - dije.
-Soy Raúl.
-Yo soy Gema - dije.
-Espero verte por aquí.
-Igualmente - dije.
Y nos despedimos. Él se desvaneció entre la multitud, de manera que ya no me era posible localizarlo y yo, me dirigí hacia la puerta.

Pero, justo al abrir la puerta, me encontré con una cara conocida.

-¡Vaya! Otra vez aquí. ¿Has venido a buscarme?
-Obviamente no - dije al ver lo chulito que venía -. De hecho, creo que he detectado que venías y por eso me estaba marchando.
-Venga, no me vengas con tu cinismo. Vamos a tomarnos algo - dijo pasándome el brazo por los hombros.
-Te he dicho que me estaba yendo - dije quitándome su brazo de encima y mirándolo fijamente.
-No me jodas que acabo de llegar - dijo con su sonrisa arrogante.
Joder, joder, joder.
Joder.
¿Por qué tenía que atacarme con su sonrisa?
No, no, no.
No.
-Te he dicho que no. Que me habría ido hace rato de no ser por ti.
-Bueno, hace rato... Nos acabamos de encontrar.
-¿Ves? Me aburres tanto que cinco minutos me parecen horas.
-Venga, no seas así - dijo cogiéndome por el brazo y sonriendo. Sí, de nuevo.
-Por favor... Déjame - dije seria.
Dios, si hasta me había dolido a mí. No debería haberle respondido así, pero era tarde para rectificar. 
-Perdona...
-No. Tienes razón, perdona - dijo serio.
-Tranquilo... Tus extraños trucos de ligue funcionarán con otra - dije sonriendo como cuando intentas que un niño no se sienta culpable. 
-Pero, yo quería que funcionaran contigo - dijo.
-Venga, no me hagas pucheros. Vamos a dar una vuelta, pero no esperes nada - dije sonriendo.
-¡Vale! - dijo obediente como un cachorro.

Dimos una vuelta por allí cerca y estuvimos hablando. Fue raro porque sentí que podía confiar en él y sin embargo iba de chulo la mayor parte del tiempo. Aunque bueno, técnicamente yo no podía saber eso: nos habíamos visto dos veces. Era raro porque era salir de la discoteca y se portaba bien. Tenía que probar el experimento de entrar en la disco a ver si cambiaba de nuevo jaja.

-Oye, debería irme, ya son casi la una.
-No...
-De verdad, es que de hace tarde.
-¿Qué más da? ¿Acaso tus padres van a echarte la bronca? - dijo con ironía.
Joder, obviamente él pensaba que no vivía con ellos. O, como mínimo, que era mayor de edad. Dejé de caminar y sentí un escalofrío. Pues había dado en el clavo con su ironía.
-Joder - dijo él girándose cuando vio que me había quedado atrás -. ¿Vives con tus padres?
-Sí, bueno... - dije yo.
-Qué mal, ¿no? ¿No te gustaría tener aunque sea un estudio o un pequeño apartamento? 
-Bueno... - dije esta vez.
-¿De verdad te gusta seguir con tus padres? A ver que yo los veo todos los domingos pero me gusta vivir solo.
-Hombre... - dije.
-Perdona no te he dejado hablar.
-No si no importa...
-Cuéntame tu situación - dijo mirándome fijamente.
Cogió mi sombrero y se lo puso. Se lo quité inmediatamente y me lo puse.
-No me quites el sombrero - dije.
-Vale, pero no me cambies de tema.
-Hombre, yo no veo mal vivir con mis padres.
-¿Y eso? A ver, ¿cuántos años tienes? Seguro que conozco algún sitio en que encuentres algo bonito y barato.
-No... Da igual...
-Que sí. A ver... ¿24? ¿25?
-No, no...
-Oye que te quiero ayudar a encontrar algo para ti. Si quieres puede ser cerca de donde vives. Si me das tu dirección... - dijo. Pero no pudo terminar de hablar porque le interrumpí.
-Que no, que de verdad que no quiero nada.
-¿¡Pero por qué?! Aunque ahora no lo veas claro luego te gustará.
-¡Porque tengo diecisiete años!

Y se hizo el silencio.

-Vaya... ¿en serio? - dijo tras unos minutos.
-Sí. 
-Joder - dijo mirando a todas partes.
-Eso es precisamente lo que quería evitar.
-¿El qué?
-¡Eso! Tu reacción, lo que piensas de mí ahora.
-Hombre, es que pasar de pensar que me gustaba una chica de mi edad a una menor...
-¿Te gusto?
-A ver... Sí, pero...
-¿Pero...?
-Pero joder tengo 25 años.
-Veinticinco...
-Sí, veinticinco. Así que lo mejor será que me vaya a... - dijo señalando a ninguna parte con el pulgar. Pero, de nuevo no pudo acabar, porque lo interrumpí, pero con un beso.
-¿¡Qué haces?! - dijo él apartándose de mi.
Lo miré decepcionada. O entristecida. No sé, no tenía ni idea de qué sentía. Tal vez rabia. Noté que no veía bien y es que las lágrimas estaban a punto de salir. Me alejé lentamente de él negando con la cabeza y él me miró arrepentido.
-Perdona... - dijo acercándose a mi.
-No, no. Vete, no vaya a ser que te vean con una menor - dije.
-Joder, ¿es que no te das cuenta? Ofrecí alcohol a una menor, me acosté con una menor...
-Eres tú el que no se da cuenta. El que cree que está tratando con una niña. Y vale, sé que no soy adulta ni madura ni mucho menos, pero tu actitud tampoco es muy adulta ni madura ni mucho menos, así que deja de pensar en que te has acostado con una menor y empieza a pensar en que te acostaste conmigo. Y te gustó.
Me di la vuelta y corrí. Corrí porque ya no veía nada.
Corrí porque me dolía el corazón.
Corrí porque había sido una estúpida.
Corrí porque había confiado en alguien a quien conocía de una noche.
Y corrí porque quería olvidarme de todo y que él, a su vez, me olvidara.

Llegué a casa y entré por la ventana como tantas veces antes y me quité la ropa. Me desmaquillé de malas maneras y me metí a la cama. Todo así, en dos minutos. Porque no quería estar despierta. Quería apretar la almohada y llorar contra ella. Quería dejar de pensar en por qué me afectaba tanto.
Y
en 
por
qué
me 
atraía
tan...


to.

Continuará...

(Próximo capítulo nº50 así que... esperemos que pase algo interesante)





viernes, 6 de junio de 2014

Capítulo 5 (48). Secretos y whatsapps.

Antes de nada no os asustéis por la distribución de los capítulos. Los he metido (estos últimos) en Mayo para tener el archivo del blog en mejores condiciones pero sabed que estoy publicando y que los siguientes ya los pondré en Junio. Luego ya los pondré en Julio hasta llegar a la fecha normal y ya todo será como hasta ahora.
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Pues me levanté por el ruido de los WhatsApps.
Estuve leyendo los WhastApps hasta que tuve que elegir entre el número desconocido o Anaís....
Y elegí Anaís.

-Gema, respóndeme, ¡por favor! ¡Es muy urgente! Es lo de... ya sabes... Alex.

Ni siquiera le mandé un WhatsApp, la llamé directamente al móvil mientras corría el pestillo de la puerta. Quería vestirme mientras hablaba con Anaís para salir de casa nada más colgar. Quería quedar con todos.

-¿Ana?
-¿Gema? -respondió.
-¿Qué ha pasado? Cuéntamelo todo - dije haciendo más fuerte la palabra "todo".
-A ver, a ver tranquilízate. No sabemos nada - dijo ella.
No entendía a qué venía la urgencia.
-Entonces... - dije para que me dijera algo... importante.
-No sabemos nada, por ahora - dijo con voz misteriosa.
-¿¡Por ahora?! ¿¡Qué quieres decir con eso?! - estallé.
-Pues que Alberto y Alex quedaron ayer y al final Alex acabó contando que él sabía un secreto de su hermano que nadie podía saber: Ni si quiera él. Y claro, como su hermano también sabe algo de él... no nos lo puede contar.
-Ya veo... Entonces no me visto - dije en voz baja.
-¿Qué dices? - preguntó extrañada.
-Nada, nada - dije cerrando el armario.
Y bueno, colgamos.

Me tumbé en la cama.
Tenía que habla con Alex, tenía que hacerlo. No estaba bien. Esa discusión fue más de lo que nos pareció. Él y Marco están totalmente enfrentados y... y yo tengo una mísera semana para arreglarlo...
Abrí el WhatsApp dispuesta a quedar con Alex cuado vi que no había leído los mensajes del número desconocido (aunque bueno, estaba prácticamente segura de que era el pensado de Enrique).

-Oye.
-Vaya, esta vez no me has mandado ninguna rima.
-No, enserio, necesito hablar con alguien...
-Vaya. ¿Qué te pasa?
-He... tenido una discusión muy fuerte con alguien que me importa y...
-¿Novia?
-¿Novia? Ya sabes quién me interesa...
-Cierto. Entonces, ¿quién?
-Familiar.
-Ah...
Eso no era Enrique... Sonaba como Alex.
-¿Te puedo preguntar una cosa?
-Depende de qué.
-¿Tu nombre empieza por A? Sé sincero.
-No.
-Vale... En ese caso... Cuéntame qué ha pasado.
-No. Por favor. Necesito pensar en otra cosa. Cambia de tema.
-Pues... En una semana me voy de vacaciones.
-¿Ah sí?
-Sí.
-No tenía ni idea.
-¡Claro que no! Jajajaja si no te lo había dicho cómo lo ibas a saber.
-Jajajaja.
-Una cosa. Si tu nombre no empieza por A... ¿empieza por E?
-No. ¿Vas a preguntarme primero las vocales o cómo va esto?
-Es que... estaba convencida de que eras un chico que... que se llama Enrique...
-Pues... no. Bueno me tengo que ir.
-Adiós...
-Adiós.

No era Enrique. Estaba claro. Al principio dudaba pero eso de pedirme hablar... No, no era él. Para confirmar, me metí en su blog y vi que tenía novia y todo. Vaya, ya se había olvidado de mí. ¡Bien! Pero entonces... Tenía que ser Alex. Me había debido mentir con lo de la A. Bueno, tendría que averiguarlo en otro momento porque mi madre me estaba llamando para ir a comer.

Por la tarde, estuve leyendo un rato y luego decidí quedar con Anaís pero al final me arrepentí y decidí pasarme por casa de Alex en vez de por la suya.


Me puse una camiseta color crema con rayas negras,
unos shorts vaqueros y unas manoletinas marrones con la punta dorada.
Cogí mis gafas de sol y unas pulseras. 
Por último cogí un bolso marrón y salí de mi casa.

Al llegar a su casa escuché una fuerte discusión. Venía de la habitación de Alex y se podía escuchar desde la calle porque se había dejado la ventana abierta... Y eso que vivía en un ático duplex...

-¡Vete por donde has venido!
-¡Esta también es mi casa!
-¡Pero no es tu habitación!
-¿¡Y qué?! ¡Tú me has llamado! ¡Te lo dije claramente, si dices algo lo cuento todo!
Sus padres no debían estar... Y yo tampoco debería...
Pero me quedé un rato.
-¡Mira déjalo! ¡Contigo todo son chantajes!
-¿¡Chantajes?! ¡Podría soportar que ella se enterara!
¿Ella? ¿Quién era ella? Así que el secreto de Marco tenía que ver con una chica... 
-¡Joder, es que insistes en que yo...-no se entendió lo que dijo- y no es así! 
-¿¡Entonces por qué no paras de entrometerte?!
-¡Porque no puede ser, joder!
-¡Pero amenazaste con contarlo!
-¡Pero eso lo provocaste tú! ¡Tú viniste y pensé que ibas a decirlo!
-¿¡Yo?! ¿¡Cómo iba a contarlo?! 
A partir de ahí hablaron mucho más bajo. Supongo que se había acabado todo. Eso sí, acababa de espiar. Y eso estaba mal. Así que lo mejor que podía hacer era limitarme a volver a mi casa.

De camino a casa, me llegaron algunos WhatsApps así que me paré en un banco. Total, hacía un buen día. Todos los WhatsApps venían del número desconocido.
-Oye.
-Dime.
-No puedo más... Necesito, no sé...
-¿Qué ha pasado?
-Nos hemos vuelto a pelear...
-Vaya... 
Fingí no saber nada y él me contó que no paraban de discutir y que no sabía cómo acabar con ello porque "eso" por lo que discutían les distanciaba muchísimo. Tenía bastante claro que era Alex y que él no quería que yo supiera que él quería hablar conmigo de manera que yo "no supiera" quién era. Lo único raro era cómo había conseguido ese número... Pero bueno, yo estaba decidida a ayudarlo.

Pero un momento... Si era Alex... Jon no me echaba de menos... Y Alex estaba enamorado de mí...
"Mierda", pensé.
Y me limité a guardar el móvil e ir a casa.
Tenía una semana para hacer que Alex y Marco se reconciliaran y ese número desconocido era la solución.

Continuará...










domingo, 25 de mayo de 2014

Capítulo 4 (47). Si pones los cuernos a alguien cuando técnicamente no sabes si estáis juntos.. ¿se considera cuernos?

Dejé el vaso de pacharán en la barra y él me cogió de la mano.
No sabía su nombre, no sabía su edad...
Pero me sacó del bar de la mano.

Estaba lloviendo y empezamos a dar vueltas bajo la lluvia. Éramos libres. Libres de las ataduras, libres de los pensamientos. Me agarró del brazo y tiró de mi. Me besó apasionadamente bajo la lluvia y después nos reímos. Me cogió de la mano y me dijo "vamos". Al final de la calle giramos a la derecha y ahí estaba su casa. Me puso contra la puerta y me besó de nuevo. Sacó las llaves del bolsillo y abrió la puerta. "¿Haces esto con todas?", dije mientras reía. Él sonrió son esa sonrisa arrogante que odiaba pero me volvía loca y dijo "no con todas". Subimos las escaleras besándonos y al llegar a su piso me besó de nuevo contra la puerta. Me mordí el labio inferior. Y lo vio. Sonrió y me cogió como a una princesa. Cerró la puerta con el pie de un portazo y nos reímos cuando el vecino de arriba golpeó el suelo para pedir silencio. Abrió la puerta de su habitación y me tumbó sobre su cama. Se quitó la camiseta, y se me tiró encima.

Me desperté con las sábanas pegadas. Literalmente.
No me dolía la cabeza porque no había bebido. De hecho, sabía exactamente qué hacía allí y cómo había llegado. Los rayos de luz atravesaban las cortinas amarillas y dibujaban líneas sobre las sábanas. Me las quité de encima y me puse la ropa interior y el vestido. Cogí los zapatos y el bolso y fui de puntillas por el pasillo hasta la puerta.

-¿No desayunas? - dijo apareciendo detrás de mí.
-No... Bueno... - dije.
-Venga, lo de anoche fue estupendo. Tienes que reponer fuerzas - dijo riendo ligeramente.
-Sí... Lo de anoche - dije siguiéndolo hasta la cocina.
Me senté y vi que había preparado un montón de cosas. Yo solo quería levantarme de la silla y olvidarlo todo. Salir por la puerta y desaparecer para siempre.  Ni siquiera sabia su nombre.  Pero lo que me daba miedo era su edad. 
-Oye,  perdona por lo de antes.  Era broma -dijo.
-Ya, bueno -solté.
-Venga no te pongas así... -dijo y se quedó pensativo.
-Mira,  no es que lo de anoche fuera un error es que simplemente no pasó,  ¿vale?  Así que adiós -dije levantándome.
Me cogió del brazo y tiró de mi para que me sentara.
-Me he dado cuenta de que ni siquiera sé tu nombre.
-Gema. Mi nombre es Gema -dije.
-Yo me llamo... -empezó antes de que le tapara la boca con la mano.
-Prefiero no saberlo -dije quitando la mano de su boca y dirigiéndome a la puerta con los tacones puestos.

Bajé las escaleras a toda prisa, arreglándome para salir a la calle adecentada.
Corrí por la calle porque prefería que la gente me mirara por ir corriendo a que me mirara por salir de esa casa con esas pintas...
Llegué a mi casa y entré por la ventana. 
Vi el reloj y vi que no era muy tarde así que a lo mejor mi madre no se había levantado por lo que no sabía que no había pasado la noche en casa.  
Me quité la ropa y me puse un pijama. Me desmaquille y salí de mi habitación fingiendo un bostezo. Miré con disimulo si había alguien en la cocina y como no vi a nadie dos pensamientos llegaron de repente a mi mente: están durmiendo, o en la calle buscándome...

Me deslicé por el parqué del pasillo hasta la puerta de la habitación de mis padres. Crucé los dedos por que estuvieran ahí y... ¡sí! Ahí estaban.  Dejé escapar ese "sí" por mi boca, así que mi madre se despertó y me miró con los ojos entreabiertos.

-¿Querías algo?
-No... Bueno... Me dolía la cabeza y quería saber dónde están las aspirinas...
-¿Aspirinas? No deberías tomar aspirinas. ¿No queda ibuprofeno?
Desde luego la había cagado. Todos los medicamentos, menos los que son exclusivamente de mi madre, están en el armario del baño así que preguntarle por SUS aspirinas teniendo MI ibuprofeno... Aunque bueno, todo se podía arreglar con una mentirijilla... Otra más.
-¡Es verdad! Pues es que no sé por qué me ha dado por buscar aspirinas. ¡Qué tonta! Vale, mamá, gracias. No te molesto más.
-Venga... mejórate... - dijo acomodándose.

Me deslicé por el parqué hasta el salón y me tiré sobre el sofá. No dejaba de moverme y de saltar. ¡Por una vez me llevo bastante con haber cometido el error! Que no era que me diera igual haber hecho eso sino que la mayoría de las veces que cometía un error (que no tiene que ser de eso) mis padres se enteraban (bueno, mi madre se enteraba y se lo contaba a mi padre) y venga a registrarme y venga a castigarme.

Llegó la tarde y yo seguía con el pijama. Total, no había dormido con él. Técnicamente llevaba ropa limpia. Claro que eso mi madre no lo sabía...

-Gema, si no vas a salir por lo menos cámbiate de ropa. Que llevas con eso...
-Tienes razón, mamá.
-¡Uy! ¿Mi hija dándome la razón? - dijo dando un respingo.
-¿Tan raro es? - pregunté.
-Jajaja, no - dijo entre risas.
-Pero no te hagas ilusiones. Era por cambiar la rutina - dije sonriendo. Ella me devolvió la sonrisa y yo me fui a cambiarme de ropa.


Me puse una camiseta blanca con letras
y unos shorts rojos.

Después, decidí salir a dar una vuelta así que me puse unas sandalias negras
con un poco de tacón y cogí un bolso negro.

Di una vuelta por el centro sola y aproveché por comprarme algún disco nuevo. Amaba los que tenía, sobretodo el de Cher Lloyd "Sorry I'm Late". Compré el nuevo de Lana del Rey "Ultraviolence" y el de 5SOS "5 Seconds Of Summer". Después miré algunos libros, pero no compré ninguno porque ya me había gastado bastante dinero.  

De camino a casa, me aburría bastante así que me desvié para pasar por casa de Anaís y hablar con ella. Llegué a la puerta y llamé. Enseguida me abrió la madre de Anaís y me dijo que estaba en su cuarto. Subí las escaleras (Anaís no vive en un piso, vive en una casa enorme con piscina y todo) y llamé a a puerta con las letras de colores "ANAÍS". Anaís abrió y abrió mucho los ojos y la boca.

-¡Gema! ¿Qué haces aquí? - dijo abrazándome.
-Pues que me he ido al centro y me he comprado unos discos y he dicho "voy a ver a Ana".
-Pasa, pasa - dijo haciéndome hueco entre su habitación y el pasillo -. Haberme avisado. Te habría acompañado.
-Si es que no lo tenía planeado... He salido porque como mi madre me ha hecho cambiarme de ropa pues he dicho "voy ha salir ya que estoy preparada".
-Ya, ya... ¿Y qué discos has comprado? - me dijo sentándose en la cama.
-Pues, - dije rebuscando en mi bolso y sentándome junto a ella - el de Lana del Rey y el de 5 Seconds Of Summer.
-¡Dios mío! ¿Te importa que los ponga? - dijo cogiéndolos y mirando a su reproductor.
-Claro que no. Ponlos -respondí.
-¡Gracias, gracias, gracias! - dijo levantándose de un saltito de la cama.

Estuvimos toda la tarde cantando las canciones de los dos discos y hablando de cualquier cosa. Incluso hablamos del tema delicado del "secreto de Alex". No queríamos meternos donde no nos llamaban... ¡Pero es que algo así nos llamaba muchísimo! Al final acabamos hablando de lo bien que estaban Anaís y Alberto y... como no, de lo mal que estaba yo con Jon.

-¿No te ha escrito?
-No me ha escrito, no me ha llamado... No ha dado señales de vida desde antes de los exámenes finales. ¡Estamos en Julio por el amor de Dios! Llevamos ya una semana de vacaciones. 
-Te entiendo... - dijo, pero luego se arrepintió -. No, no te entiendo.
-¿Qué? - pregunté confusa. No entendía a qué venía eso.
-Pues que no te entiendo. Nunca he tenido una relación así y... Tampoco entiendo por qué estás así...
-Explícate - dije intentando ver por dónde iba y a qué quería llegar.
-Pues que si Jon pasa de ti... será por algo... ¿No crees? - dijo.
-No te sigo. ¿Me estás diciendo que es culpa mía? -dije casi fuera de lugar. No entendía a qué se refería.
-¡No! ¡Por supuesto que no! Digo que en vez de rallarte pensando en él... deberías hacer otras cosas- dijo.
-A ver, Ana, háblame claro - dije aunque ya sabía en parte a qué se refería.
-Deberías ir a Vizcaya para averiguarlo de una vez... o bien olvidarte y salir con tus amigos, conocer gente... - dijo.
Y entonces me acordé.
Me acordé del día anterior. Mejor dicho, de la noche. Recordaba todo lo que había hecho, que era justo lo que Anaís me estaba diciendo. Bueno, todo no: Ana no quería que me acostara con el primero que pillara. Pero en parte había hecho lo que Anaís me había recomendado y yo la consideraba una persona sensata e inteligente así que... Pero me preocupaba algo: había elegido, de las dos opciones, la que implicaba olvidar a Jon.
-Ya he... Bueno... Ya he conocido gente y tal... - dije.
-¿¡Ah sí?! ¿Cómo no me lo has contado? - dijo dando un respingo.
-Bueno... Tampoco tiene importancia. Ayer me dio por salir de noche - expliqué.
-¡Ala, tía haberme llamado! - dijo con una voz de pito.
-Créeme,  no habrías querido venir. Fui al Never Before Midnight.
La expresión de su cara cambió por completo.
-Gema, por mucho que des el pego no deberías ir ahí - dijo en tono de reprimenda.
-Tranquila, no bebí nada. Además, al año que viene ya podré entrar legalmente así que... tampoco lo veo tan malo - justifiqué.
-Ah, bueno. ¿Y a quién conociste? - preguntó.
Me encontraba en una situación que no soportaba: o le contaba todo o le mentía. Si contaba toda la historia, me llevaría una buena y eso que había conseguido que mis padres no se enteraran. Pero si mentía... Tendría que seguir mintiendo y mentir a Ana... No podía... Así que decidí contar la verdad a medias.
-Pues hombre había mucha gente. No llegué a quedar con nadie... - dije.
-Bueno, pero al menos te lo pasaste bien, ¿no? - preguntó.
-Sí, sí. Aunque... - dije.
-Aunque qué - dijo mirándome fijamente.
Ya estaba. Me tenía calada. Ya no podía rectificar. Tenía que contárselo. Me puse muy nerviosa, sentí un escalofrío por la espalda y el sudor cayendo por mi sien. Tenía que pensar algo o directamente, confesar. "No, no, no", me dije a mí misma. "Gema, piensa". Anaís me miraba fijamente. Si pensaba una excusa, lo iba a notar... Se iba a acabar enterando...
-Ana... Si pones los cuernos a alguien cuando técnicamente no sabes si estáis juntos... ¿Se considera cuernos? - pregunté mirando hacia el suelo.
Ana abrió mucho los ojos y miró hacia otro lado.
"Mierda", pensé.

-¿Así que solo os besasteis? - preguntó.
-Sí, sí. Estábamos en la discoteca y bueno, lo que te he contado: que empezó a ligar conmigo y me besó.
-Ya veo... Creo que si él te robó un beso no deberías...
-Bueno - dije interrumpiéndola-. Yo le besé a él. 
-Mierda - dijo.
-A ver, él me cogió por la cadera y me dijo que me iba a besar. Entonces, aunque pasó un segundo desde que me lo dijo hasta que me besó, yo no hice nada. Ni durante. Me limité a besarlo...
-Vamos, que os besasteis mutuamente - dijo aclarando la situación.
-Sí - dije.
-Pues Gema, siempre tienes a tu favor lo que me has dicho: No sabías nada de él, no sabías si seguíais juntos.
-¡Gracias, Ana! - dije abrazándola.
-De nada -dijo.
-Bueno, debería irme porque... ya va ha ser la hora de cenar - dije.
-Quédate si quieres - me ofreció.
-No, no. Llevo toda la tarde fuera... Prefiero volver ya - dije cogiendo el bolso.
-Vale - dijo Anaís.

Salí de su habitación y bajé las escaleras. Me despedí de su madre, que insistió varias veces en que me quedara a cenar y saludé a su padre, que llegó justo cuando me disponía a abrir la puerta. Entonces, Ana´s bajó corriendo las escaleras.
-Toma - dijo a dos centímetros de mí.
-¡Gracias! - dije cogiendo los discos.
-Casi te los dejas - dijo.
-Casi me tiras - dije.
-¡Jajajajaj! - reímos todos (hasta los padres de Anaís).
-Bueno, adiós - dije.
-¡Adiós! - dijeron los tres.
Y me fui.

Llegué a casa en nada. Era una noche bastante fría para ser una noche de verano. No habría llevado ropa de abrigo pero una torera o una manga larga fina no me habrían ido mal. Entré por la puerta principal: esa vez mis padres sabían que estaba fuera. Además, no era tarde. Era la hora de cenar.
Cenamos juntos y les conté que había estado en casa de Anaís y que me había comprado unos discos. Ellos me contaron que en una semana volveríamos a Vizcaya...
"Genial",  pensé.

Continuará...


viernes, 23 de mayo de 2014

Capítulo 3 (46). ¿Cómo puedo conseguir tu corazón?

Era un día espantoso. Tal vez mi actitud no era la mejor, pero la lluvia no ayudaba en absoluto. Mirando a través de la ventana podía pensar. Y pensar en un mal día... no era bueno. Una cosa me llevaba a otra y acababa estresada. Jon no me llamaba, ¿por qué? Todavía quedaba mucho hasta que pudiera volver a Vizcaya. Y Alex tenía un secreto. Un secreto tan fuerte que le había hecho discutir con su hermano... y ocultárnoslo... Me dolía la cabeza.

Me tiré sobre la cama y encendí el móvil. El día mejoraba por momentos.
      >>Un número desconocido me había mandado un mensaje.
Al principio pensé en bloquear el número y ya está pero luego me picó la curiosidad. ¿Quién podía ser? Miré la foto y era un simple dibujo. Probablemente sacado de "Google Imágenes". Así que decidí leer el mensaje.
Llevo buscando a alguien como tú desde que tengo uso de razón. 
Y ahora que te he encontrado, ¿cómo puedo conseguir tu corazón? 
Sonreí.
Sonreí, sonreí, sonreí.
¿Quién podía haberme mandado... eso?  Era precioso y jamás me habían dicho nada así. Jon me decía cosas muy bonitas pero nunca rimaban. Estaba muy nerviosa así que me dio por preguntar algo que sabía que no iba a responder.
- ¿Quién eres?
- Alguien.
- ¿Pero quién? ¿Te conozco?
- Solo tú puedes determinar si me conoces.
- Pero si no te veo la cara, ¿cómo voy ha saberlo?
- Sigue a tu corazón.
- ¿Qué?

No respondió. En todo el día no volvió ha hablarme.
No paró de llover. En todo el día no mejoró el tiempo.

Al día siguiente, mi "admirador" me volvió a mandar un mensaje. Me molestó que no respondiera a mi pregunta, pero pensé que se estaba haciendo el interesante así que no le dije nada y me limité a leer lo que me había mandado.
Hablar contigo me hizo pensar.
Pensé en que por alguien así, merece la pena luchar. 
Sonreí de nuevo.
Todo lo que me decía era precioso pero...
¿Luchar?
No estaba "luchando". De hecho habíamos hablado una vez y fue una conversación más bien corta. Pero bueno, todo eso era precioso y me hacía no pensar en Jon.
Jon...

-Así que vas a luchar por mi.
-Solo si tú me dejas.
-Mira, te agradezco que me mandes esas cosas, de verdad. Pero no saber quien eres... hace a esto algo perturbante.
-Perdona. No quería perturbarte.
-No, enserio, me sacas la sonrisa y tal... Pero necesito saber quién eres.
-Soy... Bueno, soy alguien a quien conoces.
Y se desconectó.

Otro día largo encerrada en casa pensando en esa persona misteriosa. ¿Quién podía ser?
Entonces pensé que tal vez podía ser Jon.
¿Y si se había dado cuenta de que me echaba de menos y había decidido volver así a mi vida? Solo quería que fuera eso. O mejor. ¿Y si todo había sido una especie de broma y nunca se había olvidado de mí? ¿Y si nunca me había dejado? Solo quería que fuera eso.

Fui hasta la estantería donde tenía los discos apilados y elegí mi favorito "Sorry I'm Late" de Cher Lloyd. Adoraba todas y cada una de las canciones (bueno, menos "I Wish") y me encantaba cantarlas ya que me las sabía todas (ya, bueno, menos "I Wish"). A ver, la canción me gustaba pero prefería las demás. Mientras la música sonaba, los mensajes que me había mandado esa persona misteriosa rondaban por mi cabeza. ¿Pero qué podía hacer? Echaba de menos a Jon y todo el mundo parecía contento menos yo. ¿Acaso no era suficiente que Alex tuviera algo gordo que contar y que el muy pesado de Enrique no dejara de molestarme?

Un momento.

"No, no, no. Dime que no eres tú", pensé cogiendo el móvil. "Si eres tú, te juro que lanzo el móvil por la ventana", pensé esta vez. Abrí la conversación y analicé su forma de "hablar". Sin duda se parecía a la suya. "Cabrón. Y yo aquí rallándome por ti", pensé.
-Mira, sé quién eres. Déjalo ya.

No respondió y llevaba como dos o tres días sin salir así que fui al armario a ver qué ponerme.
"Esta noche salgo", pensé.

Al principio pensé en un conjunto normalito.
Una camiseta, unos vaqueros...
Pero entonces me planteé salir sola, de noche, de verdad. Hacía tanto tiempo que no lo hacía...
¿Por qué no salir a conocer gente?
En serio. No me lo había planteado.
Hacía tanto que no salía por la noche sola...
Además si me ponía tacones podía entrar a la discoteca porque de noche y con esas pintas (hay que reconocer que me visto como si tuviera más años cuando salgo así aunque ya hace mucho)...
Cogí un vestido amarillo sin mangas corto, aunque no demasiado. Tenía un cinturón grueso negro con un floripondio que me gustaba bastante (a pesar de que odio los floripondios jaja). Cogí unos tacones de aguja de colores de 12 centímetros y salí a la calle.


Tras un rato andando pensé en ir a la discoteca más cercana, llamada Never Before Midnight, a tomar algo. Por si acaso, tomé zumos y agua y bailé sola durante horas. Vale, fue media hora pero me aburrí tan absolutamente tanto que me parecieron horas. Y por fin, se me acercó un chico y me ofreció un vaso con algo oscuro y anaranjado.

- ¿Quieres? - dijo sosteniendo el vaso delante de mi cara.
- Perdona, ¿te conozco? - pregunté para ignorar la bebida.
- He preguntado primero - dijo sonriendo.
- No, gracias. Ahora tú - contuve mi sonrisa y contesté un poco borde. Y la verdad, es que no sé por qué.
- No, no nos conocemos - dijo sonriendo, otra vez.
- Lo suponía - dije mirando hacia un lado.
- ¿Lo suponías? ¿Entonces por qué me has preguntado? - preguntó a punto de reír.
- Pues... Porque... - no sabía qué responder a eso y su mirada (y sonrisa) arrogante me estaban poniendo nerviosa así que no respondí.
- Venga da igual. Anda, bébetelo. Yo invito - dijo con una pequeña sonrisa.
- ¿Qué es? - pregunté mirando el contenido del vaso.
- Pruebalo y lo sabrás - dijo con su sonrisilla arrogante de nuevo.
- ¿No habrás echado algo para liarte conmigo? - pregunté de golpe.
Sonrió.
Se inclinó hacia mí.
Lo miré.
Me miró fijamente y dijo:
- ¿Crees que necesito drogarte para liarme contigo?
Abrí mucho los ojos.
Odiaba que fuera tan arrogante.
Sonrió, de nuevo.
Me gustaba que fuera tan arrogante.
Seguía sonriendo.
Cogí el vaso. Di un sorbo.
- Pacharán - dije.
- Bingo - dijo cogiéndome con disimulo por las caderas.
- ¿Qué crees que haces? - dije haciéndole saber que notaba lo que hacía.
- Besarte - dijo.
Y me besó.

Sonó el móvil varias veces.
Pero, suponiendo que sería el pesado de Enrique... lo ignoré.

Continuará...



miércoles, 21 de mayo de 2014

Capítulo 2 (45). No answers on the phone.

Ya habían pasado tres días desde que nos habían dado las notas. Mis padres decían estar orgullosos una y otra vez y yo no hacia otra cosa que hablar y quedar con mis amigos. Pero era verano... Y me sentía sola.

El verano, en mi idioma, se traducía como "Jon", así que para mí un verano sin Jon era como un verano sin sol para el resto del mundo... No necesitaba ir corriendo a Vizcaya, me bastaba con recibir algún mensaje suyo. Cada día, por la noche, veía que no me había mandado nada y las mismas preguntas aparecían por arte de magia en mi cabeza: ¿Por qué? ¿Qué ha pasado? ¿Qué es tan importante? ¿Qué ha sido del "te llamaré todos los días y sino te mandaré un WhatsApp"? No lo sabía. Solo sabía que se había ido. Incluso todo él. Había caído en el fondo de mi corazón y notaba su falta. Estaba por ir al médico y decirle "mire, tengo falta de Jon así que recéteme lo que sea pero hágalo ya". Me estaba volviendo loca.

Estaba leyendo un libro, cuando me llegó un WhatsApp. Miré el móvil que estaba en mi cama. Cómo parpadeaba la luz... Solté el libro poniendo el marca páginas y salté de la silla a la cama. Busqué el WhatsApp y lo leí: "Gema, te quiero, ¿por qué no quedamos?". Sonreí. Pero entonces, vi de quien era. Enrique.

Llevaba todo el curso dándome la tabarra para que saliera con él. ¿Por qué no entendía que tenía novio? Bueno, al menos eso creía. Denegué la propuesta de Enrique (otra vez) y volví a mi libro. Lo había leído muchas veces, quizá, porque me sentía identificada con la protagonista. El libro se titulaba Que no te engañen y trataba de una chica llamada Ana que tenía una buena vida pero sentía que no encajaba. Amaba todo lo que tenía, pero le faltaba algo. Yo creía que lo tenía todo, hasta que fui a Vizcaya. Y ahora que había pasado todo un año, necesitaba tenerlo todo, de verdad, otra vez.

Llegué a mi parte favorita del libro, justo a la parte que da nombre al libro. Ana al fin había encontrado lo que le hacía falta, pero su familia y sus amigos no paraban de decirle que eso no le convenía. "Eso" es un chico. Un chico del que se había enamorado un día que había salido a buscar "algo" nuevo para su vida. Ana se encontraba entre la espada y la pared y su corazón le suplicaba que no se dejara engañar. Que le hiciera caso. Que era lo que necesitaba para ser feliz. Para encajar. Por supuesto, Ana decide plantar cara a su familia y seguir con este chico.

-¿Gema? - sonó la voz al otro lado del teléfono.
-¿Ana?- pregunté pensando que podía ser ella.
-Sí, jeje.
-¿Qué quieres? - preguntó.
-Pues quedar.
-¿Ahora?
-Claro.
-No sé. No me apetece.
-¡Venga ya, Gema! Estamos todos en el parque.
-Vale, vale. Ya voy...

Colgué el teléfono y fui al armario.


Elegí una camisa azul de media manga y unos pantalones largos rosas claritos. Cogí un bolso del mismo color de la camisa y, como zapatos, elegí unos negros y dorados con tacón de aguja. Cualquiera que me viera pensaría que estaba loca por ir con eso al parque jaja, pero lo que no sabían, era que eran muy cómodos. Con saber llevarlos, podías aguantar toda la tarde. Para finalizar, cogí mis gafas de sol de leopardo (oscuras) y salí de mi casa.

Llegué al parque a los quince minutos. Durante todo el camino, me llegaron WhatsApps. Todo el mundo me hablaba... Y justo no me llegó ninguno de Jon. Y muchos de Enrique... 

-¡Gema! - gritó Anaís mientras venía corriendo hacia mí. 
-¡Jajaja! - reí mientras la abrazaba.
-Menos mal que has venido - dijo.
-¿Y eso? - pregunté extrañada.
-Pues que ha venido el hermano de Alex y están discutiendo.
-¿Qué? - dije mientras corría con Anaís.

-¿¡Por qué dices eso?! - se oía decir a Alex.
-¡Porque es verdad! - gritaba Marco, el hermano de Alex.
-¡Mira, vete, estoy con mis amigos y tú aquí no pintas nada! - gritó Alex.

Marco iba a responder pero entonces, aparecimos Anaís y yo y nos metimos en medio para que dejaran de discutir de una vez.

-¿¡Queréis parar!? - gritamos las dos a la vez. 
Se calmaron y Alex metió baza.
-¡Ha sido él! -jadeó y siguió hablando- Ha venido sin motivo a... da igual.
-¿Yo? ¡TÚ! - dijo Marco.
-¿Acaso ves a alguno de tus amigos aquí? - dijo Alex.
-No, ya sé que he venido. Digo... lo de sin razón - justificó Marco.
-¡Es que no tienes ninguna razón por la que... ya sabes! - gritó Alex sin aire.
La gente nos estaba mirando, así que les hice una seña para que bajaran la voz. Ana empezó a decirle a la gente que se fueran a sus asuntos. 
-Mira, Marco, no me hagas decirlo aquí, delante de todos - dijo Alex tomando el control.
-¡Ni se te ocurra! ¡Aquí no! - gritó Marco.
Una larga pausa se formó. Parecí que Alex tenía el control de la situación, pero ni dicha pausa era eterna ni Marco era el único que tenía cosas que ocultar, después de todo.
-Si dices una sola palabra, tendré que hablar yo también... - dijo Marco.
Alex abrió muchísimo los ojos y abrió la boca. Pero no dijo nada. 
Todos mirábamos atónitos. Nadie sabía nada "del tema" y estábamos muy sorprendidos.
Al rato Marco se marchó diciendo "Ya hablaremos" varias veces.

-¿Qué quería? - pregunté para romper el silencio así como la tensión.
Todos me miraron como si fuera culpable de algo y después miraron a Alex.
-Nada... Él solo... - balbuceó.
-Puedes contármelo - dije acercándome a él.
-Ya pero... Joder es demasiado - dijo.
Nadie entendía nada. 
Anaís decidió que Alex necesitaba desahogarse así que se puso a su lado y le dijo lo mismo que yo.
Alberto se acercó lentamente y le dijo "Tío, somos tus amigos".
Y como tales, lo acompañamos a casa sin hacerle contarnos "eso".


Alberto y Anaís se prestaron a acompañarme hasta mi casa. Durante el camino, hablamos de cualquier cosa que se nos ocurría con tal de esquivar el tema del cual queríamos hablar realmente. Alex, mi mejor amigo y ex-novio dos veces... ¿Qué podía ser tan importante como para enfrentar a dos hermanos y ocultarlo a tus mejores amigos? Esa era la pregunta. La pregunta que nos atormentaba mientras disimulábamos hablando del buen día que hacía y de que si haría el mismo tiempo al día siguiente. 

Llegamos al portal de mi casa y nos despedimos. Subí las escaleras corriendo. Entré y corrí hasta mi habitación, cerré con el pestillo (que había instalado desde que a mi madre le dio por registrarme) y vi mi libro sobre la mesa. Lo cogí dispuesta a leer toda la tarde y toda la noche para permanecer despierta por si Jon me mandaba algo. Iba a bajar el estor cuando vi a Alberto y Anaís besándose, caminando a paso lento y apoyándose el uno en el otro... "Maldito Jon", pensé. 

Me tiré sobre la cama dispuesta a completar la operación "No answers on the phone" con éxito. Capítulo 15. Mi madre llamó varias veces a la puerta para que fuera a cenar. Y a todas ellas respondí "No tengo hambre, mamá". Capítulo 20. Mi madre insistió en que cenara algo. Me había dejado la cena sobre la mesa. Capítulo 23. Los WhatsApps volaban y ninguno era de Jon. Al final tuve que bloquear a Enrique. Capítulo 27. Me rugía la tripa y me estaba empezando a dormir así que pensé que cenar me despertaría. Salí de mi habitación y fui a la cocina. Cogí un vaso de agua y me lo llevé a la mesa. Cene en unos diez minutos y recogí la cocina, lo que me llevó unos quince minutos. Volví a mi cuarto, cerré con pestillo y  volví a leer. Capítulo 30. Ana ya era feliz, y encajaba y yo sentía que cada vez encajaba menos: ya ni siquiera era igual que Ana. En esa parte de la historia, no era yo. Era la Gema de 16 años en Vizcaya. Cerré el libro y me miré al espejo. "Esa no soy yo", susurré. Me senté en la cama y cogí el libro. Miré la portada, la toqué... "Entonces, ¿quién soy?", murmuré. Quedaban unos cuantos capítulos y ya eran las dos. Nada importaba así que seguí leyendo. Capítulo 33. De repente, mi vida dejaba de ser parte del mundo. Capítulo 35. Final. Tal vez la felicidad no exista. Prólogo. Ana por fin sentía que formaba parte del mundo. Fin. "Gema por fin acepta, que el mundo no es para ella", dije cerrando el libro y colocándolo en la estantería.

Estaba muy cansada y estaba muy rallada. Estaba empezando (de nuevo) con las típicas preguntas que te hacen pensar. Cuestiones filosóficas que no me llevaban a ninguna parte. Pero no quería dormirme. El WhatsApp estaba tranquilo. Nadie me mandaba nada. 
Y
yo
no
quería
dormir.

Continuará...